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8 de diciembre de 2012

Los hombres son de Marte y las mujeres…



A la gente le encanta especular sobre las diferencias entre los sexos, muchos se recrean comprando libros al estilo de los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, y para colmo la neurociencia ha traído una nueva tecnología que contribuye a este pasatiempo. Cada vez se publican más estudios de imágenes cerebrales, y algunos revelan que existen diferencias entre sexos en lo que se refiere a la estructura del cerebro o de los patrones de actividad neuronal.

Pero según un artículo publicado en Psychological Science, los resultados de estos estudios no necesariamente soportarían pruebas con una muestra de mayor tamaño o mejorando las técnicas de análisis, y además indica que es demasiado pronto para saber con certeza lo que dichos resultados podrían significar para las diferencias en las mentes de hombres y mujeres, incluso si resultan ser fiables.
Si te das un paseo por las librerías verás que están llenas de libros de divulgación sobre las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres. Sin embargo, si uno se toma el tiempo de ir a comprobar las fuentes en las que se basan las afirmaciones de estos libros, puede llevarse alguna que otra sorpresa… y es que pueden haber grandes diferencias entre lo que los estudios de neuroimagen mostraron y las conclusiones o afirmaciones que se están elaborando de ellos.
Algunos de los problemas comienzan con la investigación, ya que muchas de ellas se realizan con una muestra de hombres y mujeres, donde las diferencias observadas podrían deberse al azar, es decir, ser una mera casualidad que da lugar a diferencias estadísticas significativas entre sexos que no son otra cosa que falsos positivos, lo cual los neurocientíficos saben y entienden que forma parte de la investigación, porque saben que un estudio con una veintena de participantes que encuentra una pequeña diferencia entre hombres y mujeres no es la última palabra sobre una cuestión. Sin embargo, no dejan de ser datos y los escritores a su conveniencia pueden echar mano de ellos para justificar un punto de vista, una teoría, etc..
Otro problema es cómo interpretar las diferencias de sexo en el cerebro. Los neurocientíficos están sólo empezando a comprender cómo la actividad neuronal trae fenómenos psicológicos complejos. La tentación, a la cual son particularmente vulnerables muchos escritores, es usar los estereotipos tradicionales de hombres y mujeres para superar esa brecha en los conocimientos científicos.
Es decir, uno quiere vender libros ya! Por tanto no puede esperar a que investigaciones serias se lleven a cabo, así que entre tanto captura datos de pequeñas investigaciones realizadas en alguna universidad de Asia, Europa o Norteamérica con el fin de justificar los manidos estereotipos que diferencian a hombres y mujeres o alguna teoría peregrina.
Por tanto, es muy recomendable aplicar un poco de escepticismo cuando se trata de informar sobre las diferencias de género en el cerebro y lo que significan. Ya que con frecuencia las afirmaciones sobre las diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos se refuerzan echando mano de estereotipos pasados de moda, y no sólo es el caso del ridículo libro de John Gray “los Hombres son de Marte y las Mujeres de Venus”, sino de muchos otros títulos que le precedieron y le prosiguieron con el único objetivo de vender libros.

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