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23 de noviembre de 2012

Masturbación y fantasías sexuales


Al llevar una vida cada vez más compleja, cada vez son más cosas las que nos separan del resto del mundo animal, esto hace que también en materia sexual seamos cada vez más raros o antinaturales, por ejemplo en lo que se refiere a masturbación, según el doctor Leonard Shlain: muchos animales se masturban, pero ninguno con la intensidad y la frecuencia de eyaculación de los hombres, salvo cuando están en cautividad.

Esta afirmación resulta un poco inquietante, aunque la teoría más aceptada actualmente es que los humanos se masturban más porque pueden fantasear. Algunas teorías sostienen que a lo largo de la historia nuestra especie se ha masturbado con este frenesí, excepto en determinadas épocas donde las presiones religiosas o morales nos obligaron a reprimirnos o ser más comedidos con el sexo. Es más, algunas hipótesis afirman que la fantasía es un complemento natural y saludable, e incluso una condición sin la cual no disfrutaríamos de una vida sexual plena.
Está claro que las fantasías sexuales nos facilita alcanzar orgasmos frecuentes, igual que los juguetes eróticos o la pornografía, y desde luego no voy a ser yo el que se oponga a la masturbación ni a las fantasías sexuales, pero volviendo a la frase del doctor Shlain, uno se pone a pensar en ¿hasta qué punto no somos homínidos viviendo voluntariamente en cautividad? Piénsalo un poco, la vida de la inmensa mayoría es rutinaria y con poco tiempo libre, no es esto una especie de confinamiento?
En alguna ocasión se ha estudiado este aspecto con otros homínidos, y los investigadores siempre se sorprenden por el poco afán masturbador de estos parientes cercanos, de hecho no ha sido hasta que los han metido en celdas de aislamiento que han mostrado un mayor interés por la auto estimulación.
¿El civilizarnos también ha cambiado nuestros hábitos sexuales? Vamos por el buen camino o deberíamos plantearnos otro rumbo?
En el blog Cupid’s Poisoned Arrow, Marnia Robinson se plantea si los expertos no están siendo lo bastante objetivos, o si se están relajando dando por hecho que las condiciones actuales son las “condiciones naturales”, es decir, deberían buscar explicaciones a esta afición a masturbarnos fuera de nuestra estructura social actual, quizás deberían partir de cero y no dar por hecho que lo natural es vivir en un entorno saturado de estímulos, ya sean sustancias o actividades, algunas tan “normales” como ir de compras o atiborrarse de calorías en un restaurante fast food.
Realmente el problema no es sólo la masturbación o que nos masturbemos demasiado, el tema es un poco más complejo y está relacionado con la felicidad, es decir, ¿este camino nos conduce a la felicidad? Según algunas investigaciones el problema está en que cuanto más estimulamos a nuestro cerebro, cada vez se hace más difícil complacerle, y esto nos obliga a buscar estímulos cada vez más fuertes, más intensos.
¿No sería más sano para nuestro organismo plantear otro modo de vida donde consigamos un equilibrio neuroquímico (y por tanto, emocional)? No se trata de dar un giro de 180º a nuestras vidas, sino de hacer pequeños cambios, como por ejemplo hacer deporte, hacer actividades con amigos, potenciar el contacto con la gente y los vínculos afectivos, así como un poco de meditación diaria resultan sorprendentemente eficaces como reguladores del estado de ánimo y como medida antiestrés.

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