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8 de julio de 2012

Relato de la semana: Aquel rubio de la playa que jamás olvidaré




Finalmente llegó el verano, cuando los cuerpos se recubren de aceite y se tumban bajo el sol abrasador. Y yo, como cada año, me encuentro en esta maravillosa playa de la Costa del Sol, donde viene gente, pero afortunadamente aún no está masificada, entre otras cosas porque no es fácil de encontrar, es una cala que un amigo me descubrió hace ya varios años.
Yo siempre elijo un rincón estratégico, despliego mi toalla, y escruto para ver donde se encuentran los chicos guapos que vienen a bañarse. Personalmente, nunca me ha gustado nadar, ni meterme en el agua del mar, sin embargo me encanta el aroma del mar, el calor del sol y mi rinconcito de la playa. Estoy lista para la nueva temporada, se acabaron las incesantes lluvias de este pasado invierno. Estoy bien depilada, aunque me divierte llevar pareo y lucir mis nuevas gafas de sol.
Mi rinconcito se encuentra al final de la playa, donde hay unas rocas grandes, la gente no va tan lejos, pero yo encontré tras esas rocas un espacio un poco elevado, arenoso y que me permite estar instalada cómodamente sin que me vean, separada del tumulto que se aglutina a la orilla y con una vista estupenda.
Mientras divisaba el panorama me fijé en un chico guapo situado no lejos de mi. Parece que está sólo y algo aburrido ahí sentado sobre su toalla. Es rubio, debe ser bastante alto y tiene unos hombros anchos, en concordancia con el resto de su cuerpo, a primera vista bien estructurado, seguramente hace deporte. Lleva un bañador tipo slip, afortunadamente parece que se vuelven a poner de moda, lo cual es estupendo porque me permitirá ver mejor sus partes intimas cuando se levante. Me pregunto qué idioma habla, si es inglés no hay problema, nos podríamos entender, pero por sus rasgos me da que viene de más de centro Europa o más al norte, espero que si es sueco o alemán podamos intercambiar algunas frases…
Me armo de valor y con descaro me dirijo hacia allá, mientras él sigue mirando fijamente hacia al mar. Me siento a su lado y le saludo en inglés. Parece un poco sorprendido y en principio se me queda mirando con sus bonitos ojos azules, no termina de sonreir lo cual me inquieta, me observa con calma mientras me pregunto con cierta ansiedad si le gusto o no, o si es que es el tío hetero más cortado de la playa – en tal caso menuda suerte… –.
Finalmente responde, “si quieres podemos hablar en español”. No tenía el más mínimo acento inglés, ni sueco, ni alemán… resulta que era español, y que mi pronunciación me ha delatado. Pero no decae mi interés, ya que mi vista no me había engañado, el muchacho está de muy buen ver, está muy muy bien, y tenía unos muslos musculosos y peludos como a mi me gustan. Pero antes de que mis ojos también me delataran me presenté: “me llamó Ariel, vengo de Granada”, él se llama Rafael, es Toledano pero de padres holandeses.
Después de unos minutos charlando, estoy totalmente segura, Rafael parece interesado en mi, al menos eso adivino por la manera en que me observa, una nunca sabe como puede reaccionar un hombre en estas circunstancias. Lo cierto es que no sonríe demasiado, pero resulta que tiene facilidad de palabra, algo es algo. En cualquier caso decido acercarme poco a poco a él, así como quien no quiere la cosa y con el transcurrir de la conversación y las explicaciones, hasta que finalmente nuestras piernas se tocan. Él no dice nada, tampoco retira la pierna, sigue contándome su vida como si tal cosa, y pienso “entonces seguiré avanzando…” un poquito después posé mi mano sobre su muslo como si nada, pero esto ya no coló, enseguida paró de hablar y miró mi mano. ¿iba demasiado rápido? Era tan hermético que no acababa de leer en su cara, ¿será que quiere que quite la mano o … ? Para mi sorpresa levanta la mirada y me pregunta “¿a dónde podemos ir?”.
Así que ese rubio de cuerpo atlético tiene debilidad por las morenitas! Me invade la emoción, le sonrío y le señalo con la mirada mi rinconcito, mi pequeño refugio, y él me sonríe… sin duda la idea de hacerlo en la playa le debe excitar. Le digo que voy para allá, y para no levantar sospechas que se venga en unos minutos, así fue, unos minutos después apareció el alma cándida.
¿Qué habrá estado pensando durante esos minutos no lo se, habrá dudado en algún momento? Lo que se es que llegó excitado, enseguida me abrazó y comenzamos a besarnos. No podía refrenarme, mi mano iba por libre, deseaba tocar ese cuerpo caliente y salado, deslicé mi mano por su slip donde por entonces ya se dibujaba una cierta erección, me estaba excitando mucho, y no pude evitar comenzar a masajear el pene y los testículos, primero suavemente y a medida que se le ponía dura pasaba mi mano con más fuerza.
Entre el calor que hacía y semejante situación, no podía más, deslicé mis dedos por dentro del bañador, quería sentir su piel, su pene caliente, y ver qué se escondía tras ese pequeño trozo de tela. Mi mano me dice que el rubito está bien dotado, tiene una buena polla y eso hay que verlo, de reojo no veo, así que por un momento despego mis labios de los suyos y admiro cómo mi mano sujeta ya su pene bien erecto fuera del bañador. Rafael me pregunta “¿te gusta verdad?”, asiento con la cabeza y entonces me susurra “pues quiero que me la chupes”. Con lo tranquilo y callado que se le veía! no hace sino excitarme aún más, tiene un pene precioso y grueso, realmente estoy deseando metermela en la boca, pero no quiero correr riesgos, y a riesgo de parecer una fresca he de confesar que siempre llevo condones en mi bolsa de playa, quién sabe lo que puede pasar por estas calas.
Mientras busco en la bolsa, él se recuesta sobre sus codos, para cuando me fui a colocar de rodillas frente a él, ya se había quitado el bañador y su pene erecto y brillante lucía increíblemente excitante, lo sujeté con una mano y le comencé a dar besos a lo largo del pene, bajé a los testículos, confieso que me gusta chuparlos y meterlos en mi boca, lo cual me deja tiempo para colocar el condón bien hasta abajo, a continuación volví a subir y me metí su pene en la boca hasta que no me entraba más.
Rafael entonces posó su mano en mi hombro y echo la cabeza para atrás, parece que al rubito le está gustando… yo desde luego lo estoy disfrutando, lamiendo y chupando su pene. Me la saco de la boca y vuelvo a por sus testículos, debido al calor los tiene bien grandes, la piel bien elástica, parecen enormes. En otras ocasiones lo he probado y la mayoría lo disfrutan, así que decido probar a meter mi dedo corazón, al mismo tiempo que me vuelvo a meter su polla en la boca, le oigo soltar un leve gemido de placer, hay que decir que es un chico poco ruidoso o bien sólo quiere que no nos descubran.
Visto que no eyacula decido seguir deleitándome y haciéndole disfrutar, no todos los días una encuentra un tesoro en la playa y parece que le está gustando descubrir estos nuevos placeres. Así que decido meter un segundo dedo, se resiste un poco, pero el músculo va cediendo, él desde luego no me pide que pare, así que no pienso parar, me estoy excitando muchísimo. Para que se relaje le sigo lamiendo la polla a todo lo largo, se la sujeto con la otra mano y comienzo a succionar la punta nada más, imagino que debe estar a punto de correrse porque noto como se le pone más dura, así que empiezo a chupar con más intensidad, poco después empiezo a notar como se contrae su esfínter una y otra vez y como comienza a emanar el semen de su pene, a través del condon puedo sentir su fluido caliente, mientras lo oigo gemir sin dirigirme la mirada, no hace falta, se que lo ha disfrutado.
Le alcanzo unos kleenex que traía en la bolsa para que se limpie y se relaje un poco, pero nada de perder la excitación, yo quiero lo mio, estoy a cien y también quiero un orgasmo, el sol pega fuerte y entre unas cosas y otras ya estoy sudando, no creo que le importe, posiblemente le excite. Por un momento se levanta como a buscar su bañador, entonces me acerco por detrás y lo abrazo con fuerza, siento su torso viril, y con una mano acerco su trasero desnudo y bien duro a mi pubis, quiero que sienta mi polla entre sus nalgas, seré una reinona de tetas operadas, pero también estoy bien dotada y está claro que hace rato que se hado cuenta que no soy una mujer.
Entonces le susurro a la oreja a mi rubito hetero “no pensarás que te he dilatado tu agujerito para nada”. Este no deja de sorprenderme y ya me hace pensar que es bisexual, no hizo mueca alguna, tranquilamente se coloca a cuatro patas y me deja explorar su ano al tiempo que acaricio sus testículos, siento que estoy robando un tesoro a más de una ingenua que toma el sol al otro lado de las rocas, lo cual me pone aún más.
No pierdo el tiempo, no quiero que cambie de opinión, ya tengo mi condón puesto y me dispongo a penetrarlo, acerco la punta de mi pene y lo comienzo a deslizar poco a poco, mi pene hace más de tres dedos, y si bien, al principio Rafael se iba hacia delante, en cuanto se comenzó a deslizar con facilidad era él quien lanzaba su culo hacia atrás, me hubiera gustado durar más pero aquello ya era demasiado, comencé a gemir mientras agarraba su culo con fuerza, al momento de eyacular lo agarré por los hombros, se la quería meter bien a fondo y que me sintiera eyacular.
Cuando terminé nos dejamos caer sobre la arena, como si hubiera leído mi mente me comenzó a acariciar el pene y me soltó con descaro “vaya, tú no la tienes nada mal tampoco”, nos sonreímos y me guiña el ojo. A pesar de todo no le veo relajado, siento que se quiere quitar de en medio por si alguien nos descubre, se volvió a poner su bañador y me dice que se va ya, le pregunto si será la última vez que nos veamos o tiene intención de volver a esta playa, se gira y mientras se marcha caminando me dice “hasta mañana!”, y yo simplemente me quedé viendo como se marchaba.
Un relato de A.P.M.

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