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18 de junio de 2012

Feromonas


Burt Lancaster y Deborah Kerr
El término feromona fue acuñado por un bioquímico alemán a finales de los años 50, viene del griego y significa “para llevar excitación”. Técnicamente las feromonas se definen como unas sustancias segregadas por un individuo que provocan una reacción específica, un comportamiento o una modificación biológica en otro individuo de la misma especie.

En la naturaleza son casi infinitos el número de ejemplos que podría poner sobre especies de la flora y fauna que emplean las feromonas para captar la atención de los machos, para emitir señales de peligro, marcar un territorio o señalar rutas de comida.
Un medio de comunicación sutil y primitivo que conecta de manera directa con nuestros receptores. En el caso concreto de los humanos los hombres pueden secretar estas sustancias a través del sudor y del esperma, y en el caso de las mujeres a través del sudor y los fluidos vaginales.
Quizás no suena muy erótico pero es así, de hecho hoy en día sabemos que ya los egipcios se dedicaban a elaborar perfumes empleando diversas fragancias junto con sudor de personas sanas y fuertes. Las feromonas en si no huelen, lo que huele es el sudor y demás fluidos.
Por tanto en la higiene diaria se pierden buena parte de estas señales, así que desde hace mucho tiempo podemos encontrar en el mercado perfumes, aceites y otros productos que incluyen feromonas en su composición, de manera que nos sea más fácil captar la atención del sexo opuesto. 

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