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13 de mayo de 2012

Relato erótico de la semana.



Subí y me senté frente a ella. Le acaricié con suavidad la pierna hasta el interior de la rodilla. Iba a inclinarme sobre ella cuando me puso su impresionante tacón sobre el pecho y me empujó para frenarme. Aproveché la postura para meter la mano bajo su falda, que ahora estaba remangada sobre su vientre, y desde la cadera tiré de la gomilla del tanga, pasando los dedos por el borde hasta el culo y tirando de él hasta arrancarlo.
Al escuchar el crujido se sobresaltó.


- ¿Te lo has cargado?- exclamó.
- Un poco- respondí deslizándolo por su pierna hasta sacarlo, acariándola por el camino.
-Supongo que no te importará ya que me lo quede - sugerí.
-Considéralo un regalo - rió.
-Gracias, me encanta. - Era negro semitransparente, y tan pequeño que entró sin problemas hasta el fondo de mi bolsillo.


Se incorporó, posó una mano sobre mi cuello y se sentó encima mía, cara a cara y con las piernas bien abiertas. Me desabrochó el botón del vaquero y bajó la cremallera.


-¿Tú nunca llevas ropa interior? - dijo.
-Es que vengo de la playa - me reí.
-Di que no - dijo acercándose a mi oído.- Di que es porque así es más rápido, que tienes prisa.
-¿Te excita que no lleve? Te recuerdo que ahora tú tampoco. - Dije imaginándola volviendo a su casa y con esa minifalda.


Luego la imaginé subiendo a una escalera, después agachándose y después me metió la mano en los pantalones. Agarró mi pene, que estaba aún más duro gracias a estos últimos pensamientos, y la acarició suavemente mientras me dedicaba una mirada lasciva.
Estiró la otra mano hasta el techo del coche y pulsó unos botones. Empezó a sonar una música suave y ella a contonear sus caderas al ritmo. Echó una mirada a la carretera para cerciorarse de que no venía ningún coche. De todas formas los cristales eran tintados y desde fuera no se percibía lo que pasaba en el interior.
Agarró el borde de su camiseta con ambas maos y tiró de ella lentamente hacia arriba, al ritmo de la música, bailando sobre mí. Cuando se deshizo del trozo de tela roja pude ver su precioso sujetador negro, a juego con el tanga que estaba en mi bolsillo.


-¿Te gusta? - refiriéndose al sostén.
-Mucho - con una amplia sonrisa.
-No lo vayas a romper.
-Tranquila, seré más cuidadoso.


Me incorporé un poco para acercarme más a su cuerpo. Le acaricié con la punta de los dedos el vientre, muy despacio y muy suave. Recorrí su cuerpo desde la cintura hasta el cuello y de nuevo a la espalda, donde el broche del sujetador saltó sin problemas, casi sin que ella se diera cuenta. Dirigí mi otra mano hacia su cuello y acariciándola desde la oreja, con la palma de la mano, fui bajando hasta el hombro. Allí me encontré con el primer tirante, que fue acompañado por mis caricias a lo largo de todo el brazo hasta salir del todo. Cayó del otro brazo al instante y la imagen de sus pechos ante mi cara sacó al animal que llevo dentro. La agarré de la nuca con fuerza y me lancé a su cuello. Lo mordí con tanta furia que noté el crujir de los músculos bajo mis mandíbulas.
Lanzó un agudo quejido y tirándome del pelo intentó separarme. Pero sus fuerzas iban menguando conforme mis besos y caricias iban apoderándose de ella. Cuando se relajó le mordí de nuevo y esta vez tiró de mi pelo con tanta fuerza que consiguió separarme de ella.


-Estás siendo muy malo - me dijo tirándome más del pelo.


Posé mi mano entre sus piernas donde pude sentir la caliente humedad.


-Pero a ti te gusta - le dije con una sonrisa inocente.


Mi dedo corazón encontró su clítoris y empezó a juguetear con él.Su respiración se volvió más profunda y pronto fue acompañada por el suave balanceo de todo su cuerpo.


-Suéltame el pelo - le pedí.


Me echó una mirada cautelosa, pero inmediatamente me soltó y con las dos manos se quitó la goma del pelo. Al hacerlo, éste cayó en cascada sobre su cara y se lo sacudió con un ligero movimiento de cabeza, digno del mejor anuncio de champú. El pelo le caía por los hombros deslizándose por su pecho hasta la altura de sus pezones.


-Estarás contento, ya me has hecho despeinarme - dijo.


En respuesta me acerqué a ella, le cogí suavemente la cara y la besé con dulzura. Entendía que podía haberse pasado perfectamente una hora delante de un espejo tratando de estar super divina para salir a dar una vuelta. Ahora tendría que invertirle otra hora por un capricho mío.


-Así estás muchísimo más sexy - le dije hundiendo los dedos en su pelo y la nariz en su nuca.


Aspiré profundamente y el olor de su perfume me llegó hasta el cerebro dolorosamente. Sin embargo a ella le gustó y lanzó un intenso suspiro.
Le besé el cuello, los hombros y el pecho. Le lamí la garganta y le chupé la oreja. Le mordí el lóbulo y ella gimió. Se mordía el labio, con los ojos cerrados, y me agarraba con fuerza para que no me escapara.


La agarré con brusquedad por el pelo, la levanté y la tumbé de espaldas contra el asiento.
Chilló de sorpresa y luego rió.
Me coloqué al instante sobre ella y la miré fijamente a los ojos. Dejó de reir y me devolvió la mirada. Cuanto más mantenía la mirada más nerviosa se ponía.
Empezó a bajar la mano por mi abdomen. Pretendía salir del desconcierto tomando ella las riendas, pero la paré. Cogí su mano y la retuve con fuerza sobre su cabeza, contra el asiento. Luego la solté y me incorporé para deshacerme rápidamente de mis pantalones. Comenzó a incorporarse.


-No, túmbate- le ordené, y lo hizo.


Cogí mis pantalones, los enrollé para que abultaran, y los puse debajo de su culo para elevar así sus caderas. Le bajé una pierna del asiento y la otra se la estiré hasta que pudo tocar el techo y apoyarla ahí.
Empecé a besar su pierna desde el comienzo de la bota hacia abajo, lamiendo el interior de la rodilla y mordiendo con fuerza el muslo hasta llegar a los cachetes del culo.
Deslicé la lengua entre sus labios, chupando y lamiendo entre sus pliegues. Con mis manos mantenía sus piernas bien abiertas, en la posición correcta, sujetando con fuerza para que no se moviera. Pero conforme mi lengua avanzaba el camino hasta su clítoris, espasmos involuntarios perturbaban todo su cuerpo.


Gemía y se retorcía de placer cuando yo apenas había empezado a hacerle nada. Hay mujeres a las que les gusta sobreactuar, yo prefiero que no lo hagan.
Saqué más la lengua y apreté con fuerza y velocidad. La sujeté mejor esta vez. Embestía la parte carnosa una y otra vez con celeridad. Ágilmente rodeaba, acariciaba, aplastaba y devoraba el pequeño bulto rosado que se escondía entre sus piernas. Lo chupaba y lo lamía cada vez con más intensidad, hasta que sus quejidos se hicieron realmente placenteros.


-Basta, no más - pidió al rato.

Yo continué. Cuanto más insistía, más gemía ella.


-¡Para, Pau, para! - pidió de nuevo.


La sostuve con fuerza, su cuerpo temblaba de arriba a abajo, pero su pierna seguía elevada al techo.


-¡Para, me voy a correr! - suplicó.


Para entonces yo ya estaba quieto. Era ella la que se movía involuntariamente. Mi lengua estaba quieta fuera de mi boca, procurando el roce.
Ella se tapaba la boca para no gritar. Y de pronto paró. Se retiró el pelo de la cara y me miró.


-Te dije que pararas - dijo cogiendo aire.
Yo le sonreí.
-Parecía que querías más. - Dije besando el bulto palpitante que seguía frente a mí.
Chilló estremeciéndose.
Volví a lamerlo y volvió a chillar. Me apartó con la pierna de un empujón.
Sonreí y me tumbé como pude a su lado.
-No quería acabar tan pronto - me confesó.
-¿Quién te ha dicho que haya acabado? - pregunté acariciándole los pechos.
-Me lo ha dicho mi cuerpo- dijo con una sonrisa.


Cerró los ojos y se dejó llevar de nuevo. Mientras le besaba los hombros y el cuello, me recliné sobre ella y la besé por la cara, los ojos y la nariz. La besé en la garganta, en el pecho y por último en el pezón.
Con las manos la acariciaba y la envolvía con mi calor. Suavemente las deslizaba por su piel, por cada recoveco o concavidad.
Su respiración de nuevo se hizo más profunda, hasta el momento en que mordí uno de sus pechos. Lo hice con tiento, apretando lo suficiente, pero sin compasión. Lo succioné y chupé con ahínco. Lamí el pezón y lo pellizqué con mis labios. Lo metí dentro de mi boca y con la lengua lo acaricié, frenéticamente. Primero de un lado a otro, luego en círculos y de nuevo lo pellizqué con los labios.


Ella gemía y se retorcía, me agarraba del pelo y me acariciaba la nuca, ocasionalmente me arañaba.


-Como sigas así me voy a correr otra vez - dijo con la voz entrecortada.
-Eso es lo que quiero - respondí con sinceridad.


Me agarró por la cara y me besó apasionadamente. Cogió mi pene y la restregó contra su cuerpo. Me coloqué sobre ella para sentirla. La besaba y me rozaba con ella.
Metí la mano entre sus piernas y se sobresaltó rechazándola, pero con la insistencia de mis caricias abrió las piernas dejándome el camino libre. Hundí uno de mis dedos en el húmedo orificio y saltó de placer, procurando que entrara más. Metí otro y con suavidad los moví dentro de ella, buscando con tiento el punto de placer. Cuando lo encontré insistí en él con fuerza, pero el movimiento instintivo de sus caderas me hacían perder el control.


Agarré mi miembro y se lo clavé con furia. Un grito sordo brotó de su garganta.
Me la follé con frenesí y al momento ya se estaba corriendo otra vez. Me pidió que parase, pero no le hice caso. Yo seguí embistiendo y gozando con cada uno de sus quejidos. Eso era lo que ella quería. A pesar del dolor, era lo que ella realmente deseaba.


La levanté y le di la vuelta para seguir haciendo mi trabajo desde detrás. Con una mano masajeaba su clítoris mientras mi pene y entraba y salía de ella. Con la otra mano acariciaba sus senos, que en esta postura parecían mucho más grandes.
Ella chillaba y aullaba. Le tapé la boca con la palma de mi mano para callarla. Sin embargo pensé que esta vez no importaba. Si pasaba algún coche no percibirían nada, y por ahí no había nada cerca, con lo que era poco probable que alguien la escuchara.
Ella me pedía y me suplicaba que parase, que acabase. Pero no podía, a pesar de sus gritos y de su cuerpo no podía. No era suficiente para mí.Tuve que recurrir a la imaginación. Ella nunca me fallaba, y como siempre, una sola imagen mental pudo más que mil caricias de cualquier mujer.
Acabé y saqué mi pene de ella. La miré toda pringada en mi mano y entonces me di cuenta de que me había olvidado el condón otra vez.El corazón me dio un vuelco.


-Oye, tú tomas la píldora, ¿verdad?


Me miró. Estaba exhausta. Se sorprendió por mi pregunta y luego se rió.


-La otra vez ya te dije que sí. No te acuerdas, ¿o qué?
-Sí, pero era por si acaso. - No tenía ni idea. ¡Ni siquiera había sido capaz de recordar su nombre!
-Tranquilo.- me respondió con una sonrisa sincera, que no me dejaba tranquilo.


Ella ya empezaba a vestirse y yo hice lo mismo. Era imposible que yo no tuviese fichada a esa mujer. Miré al techo y vi la marca de su tacón, que había roto el tapizado.


-Creo que tu coche queda oficialmente estrenado - le comenté señalándole al techo.


Miró mientras terminaba de ponerse la camiseta y de la impresión se quedó paralizada. Me miró y finalmente se rió.


-Me he corrido tres veces, yo diría que ha sido una inauguración por todo lo alto. - Dijo terminando de ponerse su camiseta y acercándose para besarme con dulzura.
-Si quieres otro día lo superamos- dije seductoramente.
-¿Quién te ha dicho que vayamos a acostarnos otra vez? - dijo burlona.
-Alejandro Sanz dijo que no había dos sin tres - repliqué.
-Y que la vida va y viene y que no se detiene - recitó y luego rió.
Salió del coche y la seguí.
-Oye, ¿tienes agua? Hace un calor espantoso - dije.
-Sí, ya la estaba buscando - dijo abriendo la puerta de delante. - Toma, está fresquita.


Bebí del chorro en el aire y luego me la eché por la cara, resbalándome por el cuello y el pecho.


-¡Por dios Pau! Deja de echarte agua por encima o te meto en el coche otra vez.
-¿Por qué? - pregunté extrañado.
-Porque es super erótico, como te cae el agua y como te mueves... Casi te veo a cámara lenta - rió.
-Pues si tanto te molesta no me mires.
-No es eso, pero seguro que si lo haces delante de un grupo de gente, todas las tías se girarán. - Hizo una pausa y añadió.- Y algunos tíos también.
-Ah, ¿sí? - reí. - Pues ya lo probaré.- Le devolví la botella, me escurrí unas gotas de agua de la cara con el dorso de la mano y añadí. - Bueno, tengo que irme.
-Ya nos veremos por la facultad- dijo con una gran sonrisa y entrando en su coche.
Se puso las gafas de sol y arrancó.


Metí la mano por la ventanilla, la agarré por el cuello y la obligué a besarme. Yo lo hice con pasión y furia, ella me siguió como pudo. Quería que se fuera pensando en mí, pero no demasiado, sólo por un rato. No quería que se encaprichara de mí, pero ese no parecía su estilo. Por eso no entendía cómo no la tenía en mi agenda.
Nos despedimos con una sonrisa y se fue. 


By Anónimo

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