Translate

1 de abril de 2012

Relato erótico de la semana: Pagando orgasmos con multas.



Málaga. La ciudad de alegría, una ciudad con una costa enorme. Kilómetros y kilómetros llenos de arena. Gente luciendo su bello cuerpo por las calles. Decidí ir a recoger a mi chica al trabajo dándole así una pequeña sorpresa. Hacía no mucho que nos mudamos a Málaga. Nos conocimos en Granada, en la famosa “fiesta de la primavera”. Llevamos saliendo unos cuatro años y nos va genial.




Ahí estaba ella, con una falda roja que lucían sus elegantes piernas y una camisa blanca que realzaba su voluminoso pecho. Estaba radiante. Sostenía unas carpetas, pude observar como un tipo chocaba con ella y provocaba que dichas carpetas se cayeran al suelo. Me quedé mirando a Iris y como recogía enfadada las carpetas, eso me hizo escapar una sonrisilla traviesa. Aparqué el coche justo al lado de donde ella solía esperar al autobús.

-          Michel ¿qué haces aquí? – me preguntó confusa.
-          Venía a recogerte.
-          ¿En coche? Acaso quieres llevarme a algún lugar – sonrió timidamente.
-          Sube – le pedí.

Estoy seguro que pensaba que la iba a llevar a un hotel que frecuentamos para no perder la chispa de nuestra relación y dar rienda suelta a nuestros instintos sexuales, pero no. Al menos no hoy.
Estaba anocheciendo. Iris se relajó mientras veía en el horizonte, aquella hermosa puesta de sol.

Fue entonces cuando decidí parar. Nos miramos, nuestras miradas como siempre estaban desnudas, en los ojos de ella podía ver mis propios ojos reflejados y todo el amor que ellos sentían hacia ella.
Sin mediar palabra empezamos con unos apasionados besos, y a cada roce de su lengua, de sus labios, de sus manos… yo iba poniéndome más y más caliente.

Le metí la mano por debajo de su camisa y sin dejar de besarla, comencé a acariciar sus turgentes pezones, cosa que se que le pone a mil. De repente, se abalanzó sobre mí y me desabrochó la cremallera del pantalón y sin previo aviso comenzó a besar mi erecto pene. Su lengua danzaba en mí como nadie, era algo mágico a la par de excitante. Fue entonces cuando acaricié su cara y mis dedos se deslizaron sobre su pequeño clítoris. Los labios mayores, labios menores, hasta que decidí introducir uno de mis dedos intentando buscar el famoso “punto G”, noté como mi chica se estremecía de placer, y como en pocos segundos mi mano quedaba aprisionada en el interior de su vagina, había tenido un orgasmo.

La dejé en la estación de autobús, y emprendí el regreso a casa todavía cachondo y con ganas de mucho más sexo, cosa que pensaba hacer en cuanto llegara a casa.
Fue entonces cuando de repente noté como el coche iba poco a poco más lento, hasta llegar un punto en el que paró en mitad de la autovía. Pude notar como la erección en mi aún era notable a la vista, así que decidí aguardar en el coche hasta que el asunto bajara. Fue entonces cuando un coche de policía se acercó hasta mí. Me vi obligado a abrir la ventanilla para que el agente me preguntara el porqué estaba allí parado en mitad de la autovía.

Al abrir la ventanilla me encontré dos pechos enormes apoyados en esta, no pude evitar que mi pene se alzara pasa saludar a aquella agente de la autoridad.
Era rubia, tenía el pelo recogido en dos coletas y sus ojos azules hacían juego con su camisa de policía. Me pidió la documentación, fue entonces cuando noté que ella no llevaba sujetador, pues se dejaba asomar esos pezones erizados a causa del frescor de aquel día. Tifani, que así ponía en la placa que se llamaba, notó que mis ojos estaban deseosos por sus pechos. Fue entonces cuando me hizo bajar del coche y comenzó a cachearme. Sus manos se posaron en mi paquete, noté como ella sonreía con picardía. Sus manos se apoyaron en mis pectorales analizándolos con dulzura, yo estaba a mil por hora, iba a estallar pero me contuve. Me dio la vuelta, quedamos muy cerca el uno del otro y continuó cacheándome, fijo su mirada en la mía mientras que su boca se quedaba a la altura de mi pene.
Pude observar como Tifani seguía con esa sonrisa pícara dibujada en sus labios, de repente, noté como si el pantalón me quedara ancho, y fue cuando descubrí lo que verdaderamente estaba ocurriendo. Me había desabrochado el cinturón. No fui capaz de mediar palabra. Me quedé mirándola sin más.
Noté como mi pene entraba en su boca, húmeda, y como ella disfrutaba al hacer aquello. Mi grado de excitación fue máximo. Fue entonces cuando sin pensarlo, la cogí del pelo y la puse en el capote del coche. Le levanté aquella falda negra y acaricié su puvis. Estaba depilada, eso me puso aún más de lo que ya estaba puesto. Noté como su vagina me reclamaba y sin hacerla esperar más, introduje mi pene en ella. Noté como Tifani se retorcía de placer, sus pechos estaban en el capó de mi coche, y aquella vista de su enorme trasero me ponía más aún. Sostenía sus manos para que no pudiera moverse, ahora el agente de la seguridad era yo. Notaba como sus piernas temblaban de las tremendas cometidas de mi pene en llamas.
Me gustaba, le gustaba, aquella situación era surrealista. Noté como mi pene resbalaba más de lo normal, había tenido un gran orgasmo, el que mi chica no me dio. Ella se apresuró a besarme y acto seguido se puso su uniforme.
Entendí aquello como una indirecta de que tenía que irme. Me monté en el coche, introduje la llave en el motor y por arte de magia, se encendió para mí. Sin mirar en los espejos la figura de Tifani me fui. Cuando quise darme cuenta, en el asiento del copiloto había una receta.
Me había puesto una multa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario