Translate

4 de marzo de 2012

Relato erótico de la semana: El vaivén de las olas.





Hace frío, mucho más del habitual, el viento corta mi cara con su lacerante frialdad mientras me dirijo al puerto, sé que te encontraré en tu barco trabajando incansablemente para dejarlo todo a punto para tu viaje.

Me acerco de puntillas, aunque dudo que puedas oírme. El viento sopla fuerte y el sonido del mar al chocar contra las rocas, me hace pasar desapercibida.

Y te veo desde el puerto, puedo ver tus brazos desnudos que cualquier ser viviente envidiaría y su flamante pecho, brillante y perfectamente tatuado. Consigo acercarme más, el viento consigue despeinarme, cosa que apenas me importa. Veo como el barco es mecido por el mar, como sus olas chocan con el casco del velero. Me quito aquellos flamantes tacones blancos que realzan mi tez morena del verano. Pongo mis pies en la  pasarela tendida hacia el embarcadero.

El viento consigue que mi ropa se quede totalmente pegada a mi cuerpo, atravesándola atrevidamente y haciendo que se encojan las lunas que adornan mis pechos, a la vez que hace que el mar embravecido salpique mi cara. Y así, con el pelo revuelto y totalmente despeinado, entro en la cabina del barco de puntillas, tú estás de espaldas mientras yo dejo caer mis zapatos y mi abrigo en el suelo. Es cuando te das cuenta de que alguien está en tu barco. Entro y te vuelves, con la cara tiznada de haber estado hurgando por ahí. Te incorporas y cuando vienes hacia mi, un golpe del mar contra el barco me precipita contra tu pecho, me sujetas con fuerza, tanta que noto como si tu corazón late dentro de mi.
Solo espero que tú no notes el latir del mío, corazón acelerado, aunque me temo que es inevitable.

Me separas y me miras directamente a los ojos para ir rozándome con tu mirada descendiente, en este momento me siento completamente desnuda y no puedo evitar que mis pómulos se tiñan de rosa. Sin poder evitarlo comienzo a hiperventilar, me falta el aliento. Me turbas, esa expresión entre pícara y maligna a la vez que me altera a límites insospechados.

Ahora mis lunas se encogen de nuevo bajo tu intensa mirada, quedando patente bajo la fina tela que recubre mi delgado cuerpo. Todo aquello que venga de ti, me hace estremecerme hasta tal punto que me da corte mirarte directamente a los ojos, esos ojos azules que penetran en mi hasta hacerme tuya completamente. 

Abro la boca en afán de poder articular algunas palabras que puedan romper el hielo, pero tu dedo se posa en mi boca, y tu mano derecha coge la mía, para hacerme bajar unos escalones. La estancia tiene una luz tenue, sigo estando falta de equilibrio por el vaivén del oleaje, y ante mi aparece una gran cama, perfectamente tendida, como si la hubiera hecho yo misma. Tiras de mí, y haces que me siente en ella:

- Dame unos minutos, ponte cómoda.

Allí sobre aquella cama, recortada por la blancura de mi vestido, te espero pacientemente hasta que veo tu silueta recortada a contraluz bajando por la escalerita con tus brazos en alto sujetándote del borde de la entrada de la misma, sólo con una toalla. Tu piel está húmeda, tu pelo moja toda la habitación. Noto como mi encaje comienza a humedecerse.

Te quedas por unos segundos, mirándome, turbándome de nuevo y acelerando más si aún cabe el ritmo de mi corazón y aumentando mi impaciencia. Consigues que baje la mirada, me gusta cuando me miras así, sé perfectamente lo que va a ocurrir, deseo profundamente lo que se acerca. Te acercas, dejando caer la pequeña toalla que te cubría, te arrodillas ante mi, posas tus manos en cada una de mis nalgas y me acercas hacía el borde de la cama. Primero hundes tu cara en mi vientre, inspirando profundamente. Luego deslizas la seda de mi vestido hacia arriba, y tu nariz se posa sobre mi encaje, volviendo a inspirar otra vez con la misma profundidad que en otras ocasiones. Me miras, veo tu mirada de deseo desbordando. Mi labio inferior permanece preso de mis dientes, y en ese momento me arrancas las braguitas como si fueran de mantequilla. Con una mano me inclinas hacía atrás y con la otra me acercas más aún al borde de la cama.

Tu cara se pierde entre mis piernas. Noto como mi cuerpo comienza a estremecerse de placer, no puedo evitar acariciarte ese pelo aún mojado. Me rindo de nuevo al placer de sucumbir a tu lengua navegando por mis labios, por mi clítoris; jadeo, gimo, arrugo la impecable blancura de las sábanas con mis manos, y sin previo aviso, me das la vuelta, elevo mis posaderas por encima de la línea de mi espalda, desafiantes ante ti. Muerdes cada una de mis nalgas, las agarras con ambas manos separándolas suavemente, tu lengua recorre el espacio que hay desde mi clítoris a mi ano con una lentitud inquietante y placentera. Veo tu imagen y la mía reflejada en el espejo de la izquierda de la cama. Puedo observar como mis mejillas están ruborizadas. Me gusta ver en el espejo como me besas con toda la pasión que eres capaz de mostrar en esa zona desconocida para mí.

Cierro los ojos, y me dejo llevar por ese nuevo placer que me brindas, pierdo la noción del tiempo disfrutando de cada caricia  de tu lengua y tus dedos estimulando cada una de las posibles zonas erógenas de mi ahora rendido sexo. Muerdo mi puño, jadeo de nuevo, mientras tú te incorporas. Sujetas mis pechos entre tus manos, y con sumo cuidado tu dureza lentamente explora nuevos horizontes, hasta entonces indómitos e inexplorados. Al principio me pongo algo nerviosa, pero ante tu dulzura consigo dejarme llevar y disfrutar aquel maravilloso momento. Me gusta, lo deseo, deseo cualquiera de los placeres que tan bien sabes darme. Obligo a tu mano derecha dirigirse hacía mi clítoris, haciendo a la vez que me abandone totalmente relajada y sin miedo a tu posesión completa de mi. Ya no me queda rincón donde no hayas explorado, centímetro que no hayas recorrido con tus manos, tu lengua y tu pene. Mi deseo te pertenece.
Adoro perderme contigo en nuestro mundo de placer mutuo. Estallo yo primera, tu poco después, quedando tumbado encima de mi espalda sudorosa, respirando cerca de mi oreja y susurrándome – con el tiempo y la práctica, todo mejora y me encantaría hacerlo día a día -. Acabamos exhaustos, oliendo el uno al otro, acoplado su cuerpo a mi espalda y reposando mi cabeza sobre tu brazo y dejándonos mecer por el oleaje hasta quedarnos placidamente dormidos. 

1 comentario:

  1. Hola!

    Nuevamente es un placer tener presente la oportunidad de escribir sobre tu blog de nuevo, ya que el tiempo ha sido relativamente largo desde la ultima vez que pude expresarte algo.
    Cabe resaltar que mi ausencia, no significa que haya dejado de seguirte, o que no haya motivos para continuar marcando la gran labor que, día con día, logras realizar.
    Muchas gracias, por cada uno de los temas, que de una manera eficaz y precisa, logras desde orientarnos, hasta darnos información desde en etapas individuales y en una relación en pareja.
    En cuanto al relato, ha sido fascinante, tanto como los anteriores, que por desgracia, no tengo la oportunidad de comentar, pero que agradezco a todos ellos que tienen la fortuna de colaborar en esto contigo.
    Espero el tiempo nuevamente no se prolongue demasiado, ya que sería una verdadera decepción. Tengo un relato, que se puede descifrar como una adaptación que me gustaría que obtuvieras, por supuesto, si así lo deseas.
    Gracias por el tiempo invertido en tomar lectura a mis palabras.
    Y nuevamente, felicitaciones por tu fascinante trabajo.

    Miriam ♡

    ResponderEliminar