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26 de febrero de 2012

Relato erótico de la semana: Ella, segunda parte.



Antes de dar paso al relato de hoy, quería avisar de que se trata de la segunda parte de un relato editado por Daniel. Si estáis un poco perdidos os dejo la primera parte para que podáis orientaros un poquitín. Gracias por leernos. 


Ella, Primera parte.
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ANTECEDENTES

¿Alguna vez has escuchado la frase “vive cada día al limite y como si fuera el ultimo”?, yo siempre me reía de quienes  la recitaban a cada momento que se les presentaba la oportunidad. Me los imaginaba cada noche, justo antes de acostarse, escribiendo una especie de testamento despidiéndose de todos y ofreciendo nuevos dueños a sus mas preciadas pertenencias. También solía imaginar que a la noche siguiente esas mismas personas que el día anterior redactaban sus despedidas quemaban lo escrito, y empezaban otro testamento desde el principio, pues el día había concluido y la vida para ellos continuaba...se trataba de una especie de diario... un diario de muerte.

-          ¿Señor se encuentra bien? -me dijo inclinándose sobre mi una mujer muy bien arreglada y con una minifalda que hacia que la imaginaron volase a lugares idílicos de sexo y placer.


Volar. Ese pensamiento de evadió de mi estado de trance. Me encoraba embarcado hacia buenos aires con un billete de avión que encontré junto a un pasaporte y documentos falsos que me daban una nueva identidad. Todos ellos situados en la mesita de la entrada a mi dúplex.

-          ¿Señor, me escucha?
-          Sí, perdón. Es que me siento algo cansado por el viaje.
-          Una mujer de la otra sala me ha entregado una nota para ti.
-          ¿Una nota?
-          Sí. Además me envía para decirte que te dará una nueva oportunidad de mejorar tu última marca en la piscina – dijo intentando recordar el mensaje que le había encargado-.
-          Bien, pues muchas gracias.
-          ¿Eres nadador?
-          No – dije incrédulo y tajante haciendo que la azafata se alarmara.
-          Pues vale, si necesitas algo avíseme a mi o a mi compañera – y se marchó ofendida a proseguir atendiendo a otros pasajeros.


Abrí la nota, que rezaba:

“¿Me echabas de menos?, en el cuarto de baño del segundo pasillo moveremos la siguiente ficha del juego”.

En un arrebato,  preso de la excitación y la rabia que tenia al saber que esa mujer estaba jugando con  mi vida  me levante corriendo y me dirigí al aseo del segundo pasillo.

Cuando llegué y agarre el picaporte, vi que el cartel dejaba bien claro que era solo para mujeres,   dude entrar por un momento, pero  después me di cuenta de lo irónica que era la situación, en este momento me encontraba huyendo de las autoridades y viajando con una identidad falsa, sin embargo me aterraba el echo de entrar en el baño de mujeres. Mire a los lados percatándome de que nadie me mirara y abrí la puerta  dispuesto a pedir explicaciones.

Dentro nada. Ella no estaba, y el único rastro de que antes hubiera estado hay era el amargo olor de su perfume y una carta pegada al espejo, en la que se puede leer.

“¿De verdad crees que voy a complacer tu fantasía de hacérmelo en  el aseo de un avión?
Cuando aterricemos cojeras un taxi e iras  al regente aplace hotel. Donde tienes una reserva de habitación”.

Cansado de juegos estúpidos abandoné el aseo y comencé a buscarla por los estrechos pasillos y a preguntarles a algunas personas si habían visto a alguien que cumpliera con la descripción que les di de la chica. Después de dos vueltas a todo el avión y dándome por vencido al no encontrarla volví a mi sitio.

Al llegar mi extravagante vecina de butaca, con la que había estado todo el viaje evitando una conversación me agarró del brazo y me dijo:

-          Hace unos instantes se ha sentado aquí una mujer y me ha dicho que te cuide bien, además le he pedido a la azafata un windegman para ti.
-          ¿Un Windgedman? – dije desconcertado y mirando a los lados con la falsa esperanza poder verla.
-          Es una bebida afrodisíaca muy usada en algunos países del mundo.
-          ¿Y para que quiero yo un wing?... Lo que sea.
-          Pues deberías probarlo, se ve que esa mujer esta interesada en ti.
-          SI yo te contara – le dije recogiendo el misterioso cóctel que la azafata acababa de traer.
-          Por cierto ¿quieres este libro? – dijo ofreciéndome el libro que llevaba leyendo todo el camino.
-          No, no soy muy dado a leer otra cosa que no sean guiones para películas.
-          Pues si te soy sincera, de este libro nunca se hará ningún guión, de hecho creo que soy de las pocas que han conseguido leerlo entero, es una insultante basura erótica escrita por un tal “Luís García” que compré en un quiosco antes de subir – dijo escondiendo con afán el libro en el compartimiento de la butaca enfrente.
-          Gracias por la información, si algún día veo algo de ese tipo, te prometo que lo haré arder en tu nombre – dije volteando mi cabeza hacia la ventana haciendo ver que la conversación había terminado.

Cuando terminé los últimos tragos de la bebida quedando solo los hielos, se empezaban a entrever los primeros rascacielos.

-          ¡Buenos Aires, la ciudad en celo! – dijeron un grupo de amigos saltando de alegría.



El cambio de clima debió de afectarme, el húmedo calor me estaba haciendo desvariar, y pasada media hora el taxi comenzó a callejear por la ciudad llevándome directamente  a la puerta del hotel, que hacia esquina con otras dos calles. Prácticamente desorientado entré por la  rotatoria y costosamente me dirigí a través del recibidor de mármol al lugar donde atendían a los clientes.

-          Buenos días ¿en qué puedo ayudarte? – dijo un hombre cuya vestimenta hacia aparentar más seriedad de la que en realidad poseía.
-          Creo que tengo una reserva – respondí yo cada vez más mareado.
-          ¿Me deja su documentación?
-          Sí claro, aquí tiene mi pasaporte.
-          Muy bien, todo en orden. Aquí tiene la llave de la 120, espero que la estancia en la suite ejecutiva sea de su agrado. Si necesita algo, llame al 111 y haremos lo posible por atender sus necesidades.

Me di la vuelta y fui al ascensor. Era imposible que no se diera  cuenta de mi estado, el sudor recorría todo mi cuerpo, y mi visión era cada vez más borrosa. Después de unos eternos cuatro pisos llegué a la puerta de mi habitación, y temblando entré.

La habitación era muy amplia y colorida, pero eso en este momento me daba igual. Dejé mi chaqueta encima de la cama y fui tambaleante hacia la bañera para dejar que el agua fría me recorriera mi cuerpo y así poder despejarme. Me resultaba imposible fijar la mirada en un punto, todo daba vueltas, y  era capaz de sentir el agua que salpicaba contra mi espalda, pero la sentía muy lejos, era como si en cada parpadeo mi vida se apagara y después volviera a empezar. Justo cuando iba a desmayarme se abrió la puerta y una sensual mujer con uniforme de azafata entró y se metió en la ducha para acompañar  mi baile entre la vida y la muerte.

Cuando volví a abrir los ojos la mujer estaba completamente desnuda, y mirando al techo haciendo que cada gota de agua que le caía siguiera un hermoso recorrido comenzado a descender por la nariz y los labios, para proseguir cayéndole por el cuello y surcar navegante el valle que separaba sus pechos, para finalmente fundirse entre sus piernas junto a  las anteriores viajeras.

-¿Quien eres?- le pregunte al rato.

-Eso lo tendrás que decidir lo tu.

-Creo que te pareces mucho a julia, la que fue mi compañera en la facultad- dije titubeando.

-Pues entonces esta noche seré julia- dijo abalanzarse sobre mi.

Juguetona, así es como la podría describir,  se reía mientras surcaba mi cuerpo con sus delicadas manos, yo la recordaba mas frígida respecto a estos temas, pero esta noche se encontraba deseosa de placer.

Agobiado en la estrecha bañera, me levante rápidamente y la cogí entre brazos llevándola así a la cama, donde se tumbo boca a bajo dejándome besar todos los surcos que su columna dibujaba en su tersa piel. Ella, riendo, cómplice mis carnales instintos y volteándose, empezó a masajearme el miembro con una mano, mientras que con la otra  dirigía a mi mano sobre su argolla (como le suelen llamar por estos lugares...). Mis dedos le acariciaban los labios, húmedos y latentes, expectantes del siguiente movimiento.

-          Penétrame – dijo jadeante y colocándose en posición animal.

Yo deslizándome por su cintura y obediente, me introduje lentamente dentro de ella.

-          ¡Sí, eso es!– balbuceaba entre gemidos. 


Me enamoré de cada movimiento, de cada poro de su piel .Viajando en una nube de placer y recuerdos seguí penetrándola a velocidades cada vez más vertiginosas.

-          Quiero verte- dijo volteándome y empujándome para atrás. 


Me lanzó fuera de la cama y suavemente se volvió a apegar a mi cuerpo. Podía sentir el frió del suelo, y al mismo tiempo el calor de ella encima mía, en medio, yo, perdido en una ciudad en la que   nunca me e propuesto estar, lejos de mi vida, del mundo que conozco, y persiguiendo a una mujer de la que no conozco ni el nombre.

Sus caderas bailaban sobre mí, ahora más rápido, haciéndome evadirme de mis pensamientos y devolviéndome al mundo. Sus uñas comenzaron a clavarse en mis pectorales transmitiéndome parte de su sentimiento de placer y yo al tiempo que exhalaba un gemido dejé fluir mi interior y di por concluido el viaje a través de su cuerpo. Ella me miraba sonriente y complacida.  Mientras que mis manos continuaban acariciando sus piernas, rompí el contacto visual y voltee la cabeza para mirar por la ventana, la luna brillaba en su máximo esplendor y a sus pies se podía entrever una nube de humo negro que ascendía borrando parcialmente su imagen.

Volví a mirarla casi con los ojos cerrados, ella se limito a besarme. Después, caí, sumido en el silencio y la oscuridad.


CONSECUENCIAS

Un molesto rayo de sol asomaba  por la ventana y enfocaba directamente hacia la cama en la cual me encontraba medio agonizando, miré al reloj que marcaba las 12 de la mañana. Tenia la ropa puesta salvo por los pantalones, pero todo mi alrededor estaba vació, ninguna acompañante a mi lado, ni rastro de lo ocurrido de anoche, solo algunos vagos recuerdos y el rumor lejano del agua.

-          ¡el agua!

Me levante corriendo y fui al baño a cerrar el grifo, todo estaba encharcado, las cortinas de la bañera arrancadas y flotando en el suelo. Mientras buscaba una solución el teléfono de la habitación comenzó a sonar, implorando ser constado.

-          ¿Sí, quien es?
-          Cuando el humo se eleve en la noche, los impuros comenzarán a pagar por sus errores – dijo misteriosamente la voz que llevaba días deseando escuchar.
-          ¿De qué me estás hablando? ¿por qué me has traído hasta aquí? ¿Quién era la chica de anoche?, y ¿Quién eres tú? – dije compasivo.
-          ¿La chica de anoche?, yo no se nada de ninguna chica – dijo riéndose.
-          Ayer mientras me estaba agobiando en mi habitación entró una mujer que me resultaba muy familiar.
-          ¿Ah sí? ¿Y quién era?
-          Yo creo que era una novia que tuve cuando era joven, pero es imposible que fuera ella.
-          Así que una novia... –dijo irónicamente.
-          Compañero, creo que la bebida mágica a la que te invité ayer te afectó más de lo que yo me esperaba.
-          ¿¡Me has drogado!?
-          No del todo, simplemente le eché a la bebida una sustancia que me dieron en Perú  que ellos decían que despertaba las pasiones de sus consumidores.
-          ¡Me has drogado! – repetí gritando.
-          Si tus experiencias de ayer son fruto de la masturbación más real en la que te has sumergido nunca, felicidades – dijo con un tono más serio-.
-           

Después de esa frase solo pude escuchar el sonido de los intermitentes pitidos que daban por concluida la conversacional.

Todo fue mentira, yo lo viví tan real, la sentía tan dentro...ahora solo puedo resignarme  e intentar entender la enigmática frase que ella me ha dicho al principio.

Baje al recibidor, y allí  comente el problema con la bañera y les  informe de que iba a estar ausente todo el día.

-          Hoy toda la ciudad está colapsada por el incidente de anoche, así que pocos lugares podrá visitar – me dijo el recepcionista amablemente.
-          ¿A qué incidente te refieres?
-          El incendio de la catedral metropolitana, ¿aún no lo sabes?
-          Muchas gracias por la información – dije mientras salía corriendo del hotel.



El humo de anoche... su frase, el incendio de la catedral, seguro que  de eso es de lo que ella hablaba, así que me dirigí corriendo hacia la zona donde anoche vi la chimenea. Fui directamente, pues todo el mundo se dirigía hacia ese punto, así, que guiándome en el caminar de la gente pude llegar a la plaza y lo que vi me derrumbo el corazón.

El hermoso edificio estaba reducido a ruinas por el candente aliento de los fuegos columnas que sostenían la cúpula resquebrajadas y esparcidas por la carretera. Las ancianas lloraban,  los jóvenes lo contemplaban con tristeza, y yo me limitaba a buscar algún indicio de que ella abiar estado aquí.

Pasé el resto del día deambulando por las abarrotadas calles, pensado que tenia que ver yo con esta situación. Al final del día, sin respuestas volví a mi habitación que ya habían limpiado.

En la cama un extraño libro con una nota sobre la cubierta.

“La verdad es algo a disposición de unos pocos, para el resto la verdad es una ilusión”.

Acostumbrado ya a estos “extraños” mensajes y no dándole mucha importancia volteé la hoja, y con un bolígrafo del escritorio comencé a escribir el que seria mi testamento, ahora entendía a los que decían que hay que vivir al limite, mi problema es que no he tenido elección, no se por que estoy aquí y no se que haré, solo se lo que fui en otro tiempo y eso quedara impregnado en esta nota. Ahora, soy cómplice y esclavo de un futuro indeciso.





De nuevo darte las gracias Dani y mandarte un beso desde aquí ^^

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