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29 de enero de 2012

Relato erótico de la semana: La alumna y el profesor, tercera parte.





Anabel se lanzó y besó al profesor. Nuria se quedó en blanco mirando a su compañera de clase, no se podía creer lo que había echo...Esta se la agarró y empezó a meneársela antes de introducírsela en la boca, mientras que miraba a su amiga. Siguió hasta que noto como su profesor se  corría en su boca, al acabar se incorporó, los miro a los dos y dijo:
- A partir de ahora esto es cosa de tres.- mientras soltaba una sonrisa picarona.


Nuria no creía lo que veía ni lo que oía, estaba aun excitada, pero también muy furiosa. Antes de que pudiese reaccionar ante aquella situación Anabel se había lanzado sobre ella y había empezado a besarla mientras le introducía un dedo. Nuria se la quito de encima de un empujón.
- ¿Pero qué haces? ¡Estás completamente loca! – Exclamó con una sensación muy rara, aun no sabía si le había gustado o no.
- Relájate, solo quiero pasar un buen rato con vosotros dos. Además mas os vale hacerlo si no queréis que diga nada. – Comento con una cara muy perversa mientras sacaba la lengua.
La situación se había complicado para Nuria y Enrique, lo que empezó como una acalorada aventura entre alumna y profesor se había complicado más de lo previsto.


Los tres se quedaron mirándose los unos a los otros sin saber que palabra utilizar, la tensión se podía cortar con un cuchillo, fue entonces cuando Enrique se abalanzó sobre Anabel, la pilló por sorpresa pero muy pronto se acomodó a los labios de su profesor de literatura. Nuria seguía mirándolos incrédula. Enrique comenzó a desnudar a su segunda alumna. Pronto le bajó los pantalones y las braguitas que Anabel llevaba. Comenzó a lamerle el clítoris con aquella puntiaguda lengua, Anabel se echó en la mesa y pudo observar a su amiga que les miraba fijamente. 


- ¡Vamos Nuria! No seas sosa mujer... acariciate - dijo Anabel mientras se retorcía de placer.


Nuria sin darse cuenta tenía la mano en su propio clítoris, miro a su profesor y a su amiga y comenzó a acariciarlo, sus dedos estaban algo nerviosos pero se movían con energía, hacía círculos alrededor de sus labios, y fue entonces cuando observó como Enrique la miraba con deseo, se introdujo un dedo, y dos.. hasta tres mirando fijamente a los ojos de su profesor. Fue entonces cuando Enrique cogió a Nuria de la mano y la trajo hacía su pecho, comenzaron a besarse, Anabel se quedó mirándolos, estaba muy caliente y no iba a parar. Se bajó de la mesa y comenzó a chupar el clítoris a su amiga, esta intentó apartarla, pero la verdad, lo hacía muy bien, así que optó por dejarse llevar. Su mano se deslizó hacia el pene erecto de su profesor, y comenzó a masturbarlo. Fue cuando de repente, Anabel le introdujo el vibrador que había dejado Nuria en la mesa minutos antes, comenzó a introducirselo con fuerza, y Nuria gemia de placer. 


Enrique tumbó a Nuria en la mesa y comenzó a devorarle el clítoris, mientras las dos amigas se besaban entre sí. Nuria se sintió por primera vez atraida por su amiga. Su lengua fue tan sensual que no pudo evitar acariciarle los pechos y bajar a besárselos. Escuchaba sus jadeos y a Enrique ahí abajo, sin detener sus lamidas, mirando como podía a lo que las dos amigas hacían. 


Anabel estaba a punto de correrse cuando Nuria se arrastró hasta abajo del todo y, tumbada boca arriba, Nuria cogió el pene de Enrique y se lo llevó a la boca. Estaba muy duro. Seguramente tenía pensando metérselo a Anabel hasta bien adentro, vaciarse dentro de ella, pero Nuria no le iba a dejar. Quería comerse aquel mástil hasta que se derramara completamente en ella. No tardo en pasar. Él levantó la cabeza del clítoris de su amiga y, sentado en los pechos de Nuria, dejó que su leche invadiera su boca y su cara. Anabel se abalanzó y comenzó a lamerle la cara a Nuria y a acariciar el pene de Enrique mientras que terminaba de correrse. A Nuria le encantó aquella sensación.  


- Ha sido fantástico - Dijo Anabel - Jamás creí que me podría poner algo así.
- Estoy de acuerdo, pero ella no ha tenido placer - indicó Enrique - Démosle lo que se merece. 


Fue entonces cuando Anabel reptó hasta los muslos de Nuria y empezó a lamerlos, mientras que Enrique se ocupaba de los pechos de esta. Allí, con sus dos lenguas lamíendo a Nuria y sus cuatro labios dedicándose a ella, a Nuria le pareció morir de placer. Poco a poco, fueron aumentando las sensaciones cálidas, y los latigazos de gusto, hasta que esta sintió bien cercano el momento de llegar al orgasmo. Cuando estaba a punto, Enrique se levantó, tirando del pezón de su alumna con los labios, y le mostró su pene, de nuevo preparado para más acción. 


- Ven Nuria, que te voy a dar lo que te mereces. 


Nuria se puso a cuatro patas, que es como más le gustaba hacerlo. Estaba deseando que le metiera ese pene hasta el fondo de sus entrañas, entonces Anabel se puso debajo de Nuria y siguió comiéndole la entrada a la vagina, el clítoris. 


- Este es mio Enrique - dijo esta - quiero que se corra en mi boca, buscate otro lugar para acabar. 


Enrique ni se lo pensó, abrió las nalgas de Nuria con sus calientes manos y puso su pene en la entrada de su ano. Nuria un poco nerviosa porque sabía lo que iba a ocurrir, decidió dejarse llevar. 


Nuria puso los ojos en blanco del tremendo placer que le produjo que Enrique le practicara el sexo anal, a la par que su amiga, seguía con su lengua en su sexo. Creía derramarse a cada segundo, Nuria sentía su vulva tan caliente que parecía arder y las piernas le temblaban. Las manos de Anabel acariciaban sus muslos por dentro y cogían los testículos de Enrique, que golpeaban una y otra vez, pues tan profundamente la metía que desaparecía aquel enorme pene en su culito. Nuria ardía, le dolía tremendamente, pero el placer era tan intenso que yo no paraba de gemir y chillar. 


- ¿Te gusta, Nuria? - Le preguntaba Enrique, recostándose contra su espalda - ¿Nadie te dio como yo? ¿verdad?.


No. Penso pasa sí. Casi siempre había tenido que fingir los orgasmos con sus parejas, pero desde que conoció a Enrique los orgasmos eran verdaderos, y tremendos. "¡Que lengua y qué labios los de esta chica!" pensó Nuria. Anabel conseguía tanto placer en su amiga que de vez en cuando tenía que parar y coger aire fresco, Nuria estaba muy mojada. Fue cuando Nuria perdió la cuenta de si misma y parecía meterse en un mundo de absoluta depravación, notó un gran chorro de leche caliente dentro de su ano, a la vez, ella llegó a uno de los orgasmos más intensos que nunca había tenido. Su profesor soltó un gemido grave y sacó de golpe su pene, soltando el resto de su eyaculación sobre la cara de Anabel. Se corrió abudantemente a pesar de ser la cuarta o quinta vez desde que comenzó con Nuria. Y Nuria cayó sobre la mesa completamente exhausta. Tenía el culo ardiendo, la vulva irritada y la sensación más maravillosa del mundo. 



Los tres se miraron con complicidad, estaban extasiados de placer. El mundo parecía no girar a su alrededor, allí estaban los tres, completamente desnudos, con una gran sonrisa y la mayor sensación de relax que jamás habían tenido, estaban en otro mundo… en su mundo. Sin embargo, había alguien más, alguien que lo había visto todo a través del cristal de la puerta.


Al día siguiente Enrique estaba dando clase, con una expresión distinta en el rostro, y como medio ido, solo miraba la mesa donde había ocurrido todo y a aquellas alumnas suyas que le habían dado tanto placer. Fue entonces cuando ocurrió.
- ¿Enrique puedes salir un segundo? – Preguntó la jefa de estudios.
- Claro. Disculpadme, seguid leyendo la lección, ahora vuelvo. – Dijo contestando a la pregunta, y mandando algo para que los alumnos no alborotasen demasiado.
Los dos salieron del aula, y todos empezaron a hablar y pegar voces menos Anabel y Nuria que se miraron con incertidumbre.
- ¿Por dónde ibais? A partir de ahora seré yo vuestra profesora, al menos hasta que venga un sustituto. Enrique no os dará más clase por problemas personales… al parecer no sabía dónde estaba el limite…
La última frase fue casi un susurro, como si lo dijese para ella en lugar de para sus alumnos. 


Al acabar el día Nuria y Anabel salieron del instituto como locas intentando ver a Enrique, pero para cuando lo vieron ya iba en coche, con el semblante serio y la parte de atrás llena de cajas... esa fue la última vez que lo vieron, aunque ninguna de las dos olvidaría jamás, lo que aquel hombre y ellas mismas se hicieron sentir.
















Buueno, y este relato quiero dedicárselo a una pareja de amigos de Málaga que fueron los que me dieron la idea. Os quería dar las gracias por leerme, y por ser como sois, por gente como vosotros, El Rincón Tabú aún sigue vivo, muchas gracias, y espero que el relato os halla gustado. Un beso, Ana.

1 comentario:

  1. Jajajaj me sentí muy tocada. Yo me llamo Anabel. Me gustó la historia!

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