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4 de diciembre de 2011

Relato erótico de la semana: El Secreto del chat, 2ª Parte




-          ¡No puede ser! – exclamó Sara temblando. – No, no, no puede ser.
-          ¿Sara? – leyó por el Chat - ¿Estás ahí?

Sara no pudo contestar, estaba temblando.
-          ¿Cuándo pensabas decirme quien eras realmente?
-          Eso trataba de decirte, no soy quien esperas que sea Sara.
-          ¿Me dices ahora tu nombre por favor?
-          Natasha.

Sara ni se molestó en contestar, apagó en seguida el ordenador. ¿Se había enamorado de una chica? Eso no podría ser así. Era imposible. A ella le gustaban los chicos, o eso creía. Se fue directamente a la cama sin mediar palabra con nadie, y por primera vez, se centró en si misma. En sus sentimientos. “¡No me puede gustar una chica es imposible!” se dijo para si. Y sin darse cuenta, quedó placidamente dormida.

Las semanas pasaron, lentas, muy lentas. Sara no había vuelto a hablar con Natasha, le daba escalofríos recordar todo lo que había pasado desde aquel viernes en el ordenador. Las horas en clase se dedicaba a escribir en una hoja su nombre todo el rato, y un corazón roto, cuando se percataba que al lado de ese corazón roto estaba el nombre de Natasha rajaba el folio. “No puede ser” se dijo a si misma.

Un día llego a su casa, cansada del instituto y conectó el ordenador para entretenerse un rato mirando páginas por Internet. De repente, su Messenger se iluminó.

-          ¿Sara? Por favor, quiero hablar contigo, ¡¡Sara!! Contéstame.

Sara se limitó a cerrar la ventana, comprobó como su corazón iba a salírsele del pecho. De nuevo la ventanita iluminaba su esquina derecha. Sara volvió a cerrarla. Y así durante un buen rato.
-          Quiero conocerte en persona Sara.
Sara pudo leer esa pequeña frase antes de cerrar la ventanita. Y el corazón de nuevo, comenzó a latirle con fuerza.

-          Por favor, deja de molestarme Natasha.
-          Si crees que te molesto, bórrame.

A Sara se le escapó una pequeña sonrisa. No podía borrarla, su corazón no quería que desapareciese de su vida, no por completo.
-          ¡Vamos! ¡Di que me odias! ¡Bórrame! Auto-convencete de que no me amas Sara.
-          Dime lugar y hora – se limitó a escribir Sara.

Natasha le facilitó una fecha y un lugar como Sara había pedido. Ambas apagaron el ordenador. Quedaron en verse un viernes, en un centro comercial.
Para las dos, el resto de la semana paso lento, quizás demasiado despacio. Los nervios eran evidentes. Pero al fin llegó el momento. Viernes.

Sara estuvo más de una hora mirando el armario y probándose diferentes pantalones, faldas… Enfadada por no encontrar algo acorde a sus gustos, decidió ir a la ducha. Estuvo un buen rato, no podía dejar de pensar como sería su primera cita “¡¡Sara!! Solo vas a quedar con ella para aclarar las cosas” se dijo. Salio de la ducha y se cepilló el pelo, decidió maquillarse. Nunca lo había echo así que para ella era su primera vez. Se hizo la plancha y se vistió. Al final opto por un una falda negra que le realzaba sus hermosas caderas, una camiseta blanca con dibujos y unos zapatos rojos de su madre, jamás se había visto tan guapa.
Cogió el bolso y salio de su casa con una sonrisa demasiado grande para poder ocultarla.

Sin dudarlo, cogió el metro.
Era la primera vez que llevaba tacones, y apenas sabía andar sin tropezar.

El centro comercial estaba muy cerca y su corazón iba mucho más rápido, estaba nerviosa pero segura de lo que iba a hacer. Así que, con paso firme entró en el centro comercial. Y pudo observar que Natasha aún no había llegado, así que se limitó a sentarse en el banco a esperar su destino.





Eran casi las siete, justo la hora a la que habían quedado. Sara solo miraba a su móvil, no se atrevía a mirar a su alrededor, estaba demasiado nerviosa. No sabía si Natasha aparecería o la dejaría plantada.
De repente oyó su nombre:

-          ¿Sara? ¿Eres tú? – preguntó una voz muy dulce tras ella.

Esta sin dudarlo se dio la vuelta y pudo observarla. Era guapísima. Natasha lucia una falda de volantes estampada y una camisa vaquera que estilizaba su figura de una manera impresionante. También iba montada en unos tacones de vértigo.  Ambas se miraron como si se conociesen de toda la vida y sonrieron. Sara no pudo reprimir que sus pómulos se tiñeran de color rojo.

-          ¿Vamos a tomarnos un café? O quizás… ¿prefieres que veamos una película en el cine? – preguntó Natasha.
-          Vale, Vamos al cine mejor. – Pudo decir Sara.

Ambas se dirigieron a la taquilla y compraron un par de entradas. Sara apenas podía mirar a Natasha, no se creía que esa chica fuera “Secreto” que esa chica la hubiera visto masturbándose frente a ella.
Entraron al cine, Sara pudo observar que apenas había gente en la sala “lo ha hecho a propósito” se dijo a si misma.

Su sitio era la última fila. La película empezó y Sara pudo ver como Natasha ponía su mano junto a la de ella, y la miró. Las dos sonrieron.
La película era divertida, aunque ninguna estaba pendiente de esta. Sus manos siguieron jugando, se acariciaban mutuamente y de repente, ambas se miraron. Sus miradas quedaron fijas y sin darse cuenta se acercaron muy lentamente. Y sus labios se unieron. Se besaron con cariño, pero la pasión de Natasha pilló de improviso a Sara. Esta se quedó sin aliento cuando pudo ver que una mano de Natasha estaba apoyada en su pecho. Sara sin dudarlo, la imitó. Le gustaba, aunque no estaba segura de lo que estaba haciendo, pero se dejó llevar por el momento. Sara sin dudarlo apenas se sentó en las piernas de Natasha y la besó aún con más fuerza. Sus miradas volvieron a encontrarse.

-          Sara, vámonos a mi casa.
-          Esta bien – se apresuró a decir - ¡¡¡NO!!! No, lo siento, no se porque estoy haciendo esto, yo tan solo quería aclarar las cosas. A mi me gustan los chicos. Pensé que eras un chico, incluso me masturbé pensando en ti, pero jamás imaginaria que fueras una chica… yo no puedo Natasha lo siento…

Pero antes de que acabara de hablar Sara estaba besándola de nuevo.
-          Escúchame – le rogó Natasha – si de verdad yo no te interesara no habrías venido aquí tu sola, así que por favor, déjate llevar, tu misma me lo dijiste, jamás te habías sentido tan intrigada. Mantengamos esto en secreto tu y yo, nadie tiene porque enterarse.
-          Esta bien – pudo decir Sara con los ojos llenos de lágrimas – vamos.

Las dos salieron de la mano corriendo del cine. Cogieron el primer autobús y se dirigieron a casa de Natasha.
En diez minutos llegaron, durante el trayecto Sara no podía sentirse tremendamente atraída por su amiga, ¿Acaso debería llamar amiga a Natasha? Decidió no darle vueltas al coco y salieron del autobús. Natasha le dijo que sus padres estaban de viaje, y que tendrían la casa para ellas solas. Sara no paraba de tener mariposas en el estómago mientras su amiga, abría la puerta sin dejar de besarla.

Ambas entraron a la casa sin tan siquiera observarla, tenían un objetivo. Acabar juntas en la cama.
Sara tropezó con los tacones y cayó al suelo. Natasha se quedó mirándola y la levantó con delicadeza. Sus labios se unieron con los de Sara, regalándole un dulce beso lleno de sentimientos. Cerraron la puerta. Y se miraron la una a la otra.

-          Jamás he hecho algo así – afirmó Sara – me tiembla todo el cuerpo.
-          Tranquila, para mí también es algo nuevo, intentemos hacerlo despacito.

Ambas se  quitaron los tacones y se quedaron en la cama mirándose la una a la otra. Natasha fue la que comenzó. Le quitó la falda y la camisa a su amiga, esta hizo lo mismo. Se quedaron en ropa interior. Los dedos de Sara recorrieron todo el cuerpo de su amiga. Estaba guapísima. Sus dedos se posaron en sus labios, y Natasha los besó con ternura. Entonces Natasha hizo que su amiga se tumbara, Sara cerró los ojos y cuando quiso darse cuenta los tenía vendados.

-          ¿Qué…?
-          ¡Shhh! – chistó Natasha – quiero que sea especial, déjate llevar Sara.

Las manos de Natasha se deslizaron por el cuerpo de Sara. Hizo pequeños círculos en el ombligo de su amiga. Con la ayuda de la otra mano le quitó el sujetador. Y con ternura besó sus pechos. Sus manos comenzaron a bajar hasta el lado más íntimo de Sara.
Acarició con delicadeza el clítoris de su amiga, esta gimió. Sus manos no dejaban de temblar “tranquilizate Sara” le pidió Natasha entre susurros. Lo hacía muy despacio, quizás demasiado despacio, eso hacía que Sara enloqueciera de placer. Estaba a gusto, quizás demasiado a gusto. Los dedos de Natasha penetraron la vagina de Sara. Esta gimió aún más fuerte.  Natasha no pudo reprimir una sonrisa picarona y cuando quiso darse cuenta Sara ya no tenía los ojos vendados, se quitó la venda y logró incorporarse. Con agilidad desvistió a su compañera. Ambas quedaron desnudas frente a la otra. Sus besos fueron esta vez, mucho más apasionados, sus dedos navegaron en el cuerpo de la otra. Sus manos eran ágiles. Y decidieron practicar el sexo oral, la una a la otra.

Los labios de Sara se situaron en el clítoris de Natasha, y Natasha también posó los suyos con firmeza en el clítoris de su compañera. Ambas comenzaron a succionar el clítoris con agudeza, a la vez que introducían sus dedos sin reparo alguno. Las dos no podían reprimir los gemidos. Iban mucho más rápido. Estaban disfrutando y lo sabían.
De repente Natasha se levantó y apartó a Sara de su clítoris.

-          Observa – le dijo abriendo un cajón y sacando un pequeño consolador.

Sara no pudo reprimir una sonrisa. Entonces sin previo aviso, Natasha la agarró por las muñecas evitando que Sara pudiera entorpecer lo que esta iba a hacer. Sin previo aviso introdujo el pene de plástico en la vagina de su chica. Esta no pudo evitar gemir de placer, los chillidos se escuchaban por toda la casa, estaban disfrutando y lo sabían. Sara pudo observar como Natasha tenía un vibrador puesto en el clítoris, tenía forma de mariposa y escuchaba el pequeño ruido que hacía. Natasha no podía reprimir sus gemidos mientras seguía introduciendo el consolador en la vagina de su amiga. Sara decidió acariciarse el clítoris, estaba disfrutando, y su amiga también. Con la mano que le quedó libre, introdujo varios dedos en la vagina de Natasha. Ambas gemían, no podían reprimir aquel placer desmesurado que estaba teniendo lugar en la habitación de Natasha. Las dos gemían cada vez más fuerte, y sus respiraciones eran más entrecortadas. De repente las dos pudieron notar como sus vaginas se contrarían, estaban a punto de llegar al orgasmo. Fue entonces cuando Natasha se quitó el consolador con forma de mariposa e hizo algo que a Sara le encantó.
Se situó encima de su clítoris, sus clítoris estaban en contacto. Y comenzaron a frotarse, la una con la otra, rápido, muy rápido, no podían parar, sus gemidos de nuevo fueron más fuertes. De repente, las dos notaron como algo subía por sus piernas, dejándolas sin sentido. Estaban teniendo un orgasmo a la vez. Aún no paraban, sus movimientos eran mucho más inestables, pero les gustaban. Se gustaban.

Cuando terminaron se quedaron mirándose la una a la otra, frente a frente. Sus ojos estaban brillantes, se querían y lo sabían.

-          Sabía que no había sido un error venir aquí Natasha.
-          Eres increíble, te quiero… se que no lo entiendes, pero te quiero, quiero a una chica, me gustas mucho.
-          Natasha, yo también te quiero.

Fue lo último que dijo, cuando de repente, volvieron a llover las caricias, los besos. Besos que marcarían una nueva etapa en la vida de Sara. Natasha y Sara. Formaban Secreto, un secreto que tan solo ellas supieron. 

8 comentarios:

  1. Oye, soy Sara. Me gustaría saber como te has enterado de mi historia con mi pareja actual (Natasha). Eso es motivo de denuncia por violación de la intimidad, que lo sepas.

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  2. Ui pues que casualidad, que ayer estuviera yo pidiendo a mis amigos que me dieran un par de nombres para el relato y salieran esos xD!

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  3. ¿De verdad crees que te creo? Si mi nombre está desde hace una semana!!!!!!

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  4. Sólo te escribía para decirte que no sé por qué pero me he encontrado tu blog por internet mientras recorría algunos. Eso y que te dediques a otro tipo de relatos, ya que este no tiene nada de erótico. Si quieres seguir escribiendo relatos eróticos porque es tu pasión/vocación o como quieras llamarlo, te recomiendo que leas varios relatos eróticos bien escritos para poder influirte positivamente a la hora de relatar uno.
    Gracias.

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  5. Amigo "Visitante" quería agradecerte que hallas leído el relato. Y por supuesto que apenas se de relatos, estoy aprendiendo poco a poco, pero por algo se empieza. De todas formas, acepto tu crítica y espero seguir mejorando ;)

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  6. Vôtяє ρσυя tσυנσυяѕ ♥5 de diciembre de 2011, 4:52

    Me he encantado el relato. Porque literalmente, es un blog para el aprendizaje de distintas situaciones que suceden en el entorno.
    La vida sexual entre las personas del mismo genero, por ejemplo este, es cada vez mas habitual poder visualizarlo. No debemos ignorar lo que esta a nuestras espaldas y nos imponemos a darle poca importancia, porque no esta en los estatutos de lo correcto.

    Un consejo: Nadie nace escribiendo relatos, el tiempo es la representación de la experiencia, y cada aprendizaje por mínimo, es un paso mas a la plenitud.
    "La heterosexualidad son la mayoría, pero no lo son todos"

    Un abrazo.

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  7. Hola, decir que solo comento aquí y esto porque soy la otra parte afectada de esta historia y porque, por lo que estoy viendo, la "autora" pasa olímpicamente de lo que mi pareja ha comentado más arriba y no parece importarle lo más mínimo.

    Pues bien, a mi si me importa y como este relato no desaparezca o no se arreglen los correspondientes problemas con nosotras directamente, contactaré con quien tenga que contactar para que lo retiren.

    Si esto ha sido una broma decir que ha resultado ser de muy mal gusto pero, de no serlo y que simplemente haya sido "casualidad" (mucha me parece a mi), se ofrece y da la opción a retirarlo sin problema posterior alguno.

    PD: Ah, y ya que estamos y por tomarme un poco más esto a coña porque sino vamos peor que mal, ya podrías haberte esforzado un poco más a la hora de relatarlo porque vamos...

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  8. Vamos a ver. La historia me la inventé la semana pasada, y hace un par de día le pedí a un amigo que me diera un nombre al azar porque no se me ocurría ninguno. Me dijo Edurne y no me agradó y otro amigo me dijo Natalia y yo lo transforme en Natasha. Así que dejad ya de amenazar, porque es un mero relato y si vuestra historia es muy parecida, me alegro mucho, pero os lo digo de verdad, se quienes sois, y si ni tan siquiera os molestastéis en coger el teléfono, no molesteis más en mi blog. Un saludo y gracias por leer.

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