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18 de diciembre de 2011

Relato erótico de la semana: Una partida de poker diferente.


Como todos los fines de semana, mi chica y yo salíamos a tomarnos unas copas. Tras discutir en el lugar donde íbamos a tomarnos unas cañas, me dejé llevar por ella. Y fuimos al lugar que ella propuso en incontables ocasiones, a un "Iris Pub". Nos pedimos una Guinnes y más tarde una Murphy's  la noche iba pasando entre risas y cervezas cuando de repente, aparecieron Andrés y su novia Laura. Se unieron a nosotros y tras unas cuantas cervezas de más, Andrés propuso irnos a su piso a seguir la noche, mi chica y yo aceptamos. 
Poco después estábamos los cuatro en el piso, cuando Laura sacó una baraja de cartas de poker. Andrés decidió encender unas velas y ponerlas en el suelo, y los cuatro a la luz de las velas comenzaron a jugar a poker. 
Era mi gran noche, la suerte me sonreía en cada mano que jugábamos cuando alguien decidido cambiar el rumbo de la noche.
-¿Por qué no lo hacemos más interesante?- comentó Laura.
-¿Cómo?- Pregunto María con avidez y una sonrisa picarona.
-Pongamos que... iremos perdiendo prendas con cada mano que perdamos... ¿os parece?- dijo Laura.
-¿Strip poker? ¡Me encanta como suena eso!- solté junto con una carcajada.


Sin decir nada más, las cartas empezaron a repartirse entre los cuatro. Las caras lo decían todo, siempre había alguien sonriente y la mayoría de las veces era yo. Las manos pasaban deprisa, la primera en perder fue María, esta sin dudarlo se quitó la camiseta, yo no pude evitar mirarla, su figura era mágica a la luz de las velas. Pude comprobar como las mejillas de mi novia se ruborizaban. Y las cartas siguieron corriendo por nuestras manos, poco a poco todos empezamos a quedarnos sin ropa. Pude observar como la novia de Andrés se quedaba totalmente en ropa interior, su cuerpo era bonito, unas curvas bien formadas, era muy guapa. 

- ¡Oh no! - gritó Andrés, había perdido la mano.

Poco después pudimos observar como Andrés se quedaba en boxer, era yo el único que aún conservaba los pantalones, los demás estaban en ropa interior. Poco a poco la cosa se iba poniendo aún más interesante. Fue entonces cuando María perdió la mano, no pude evitar fijar los ojos en ella y en cómo se levantaba para quitarse el sujetador. Se dio la vuelta y muy lentamente se quitó el sujetador y lo dejó en el suelo, se giró muy lentamente, sus manos tapaban su delicado pecho, estaba muy sexy. Se sentó y siguió con las cartas, ni siquiera pudo mirarme, estaba nerviosa y se le notaba, yo sin embargo, estaba muy caliente al ver a mi chica así, semi-desnuda, y solo para mi, era mía. Seguimos jugando y esta vez perdió la novia de Andrés. Esta ni siquiera se levantó, se quitó el sujetador y continuó como si nada hubiera pasado, la verdad es que me impresionó, no se molestó en taparse el pecho. El pecho de Laura era bonito, pero no tan perfecto y redondo como el de mi chica. Seguimos jugando y fue cuando me tocó perder a mí, sin dudarlo tan siquiera me quité el pantalón. Pude observar como mi chica me miraba eso hizo que me pusiera aún más, y no pude evitar controlar la erección. Fue entonces cuando pillé a Andrés mirando el pecho de mi chica, eso me hizo enloquecer de celos, María lo notó y me besó con ternura en la mejilla, eso hizo que me tranquilizara.
De nuevo, repartimos una nueva mano de cartas, yo no tenía las de ganar, aunque aguanté el tipo. Mi chica se rindió, y Laura también, tan solo quedábamos Andrés y yo. Fue entonces cuando pusimos las cartas sobre la mesa, pude comprobar que él tenía escalera de color, yo no tenía nada. Perdí. Era la primera vez que perdía jugando al Poker. Andrés comenzó a reírse y a corear “¡quítate la ropa!”. Y eso fue lo que hice, sin dudarlo tan siquiera me quité el bóxer y conseguí taparme con la mano. Mi novia no paraba de reírse, y sin mediar palabra tan siquiera la cogí de la mano y nos fuimos a una habitación.
Pudimos oír como Andrés y su novia iban a la habitación de al lado.

Mi novia me miro con una sonrisa picarona y de repente se arrodilló. Yo me quedé mirándola, nuestras miradas se cruzaron y de repente, noté como mi pene estaba dentro de su enorme boca. María era genial, lamía mi pene con ansia, con entusiasmo, yo le acariciaba el pelo con ternura, lo hacía más y más rápido, eso me volvía loco, sus manos jugaban con mis testículos, de vez en cuando los lamía también. Yo estaba a punto de explotar y le pedí que parara, estaba muy caliente. Ella me hizo caso y sin mediar palabra la cogí de la cadera y la puse encima de aquella pequeña mesa de escritorio, quitamos todos los papeles, los cuadernos, todo lo que había en la mesa. Y comencé a besarla, a besarla con pasión, con mucha ansia, y baje. Decidí hacerle un pequeño cunnilingus, mi lengua surcaba sus labios y rozaba su clítoris, noté como ella estaba gozando y gemía, se puso a gemir por todo lo alto, no le importó que en la habitación de al lado estuviesen nuestros amigos. Mi lengua se centró en su clítoris, lo presionaba a la vez que movía la lengua a ambos lados, fue cuando noté que ella iba a llegar y paré, su mirada fue épica y me dijo:
-      ¿Se puede saber por qué no sigues?

Yo sin contestarle le cogí las piernas y me las puse en mis hombros, y sin previo aviso la penetré. Comencé a penetrarla con fuerza, nuestras manos estaban entrelazadas y apoyadas en la pared, notaba como me gemía, como me pedía más y más. Yo estaba muy caliente. Me encantaba verla tan sexy, tan entregada a mí, tan caliente, tan mía. Estaba completamente desnuda, tan solo en su pecho le caía media luna, estaba resplandeciente. Y con más fuerza volví a penetrarla, ella gemía con más fuerza aún, la mesa chocaba continuamente con la pared, podíamos oír como nuestros amigos también estaban en la mesa, Andrés me gritó:

-      ¡Vamos Victor dale duro!

No pude evitar una sonrisa picarona, mi novia me miró y me susurro en el oído “más, dame más”, pude ver como ella se estaba acariciando el clítoris con su mano, y como segundos después, mi pene notó una presión, ella había tenido un orgasmo, eso me volvió loco y me hizo seguir a un ritmo aún más rápido. Mi novia me miraba con complicidad, estaba preciosa, fue entonces cuando se levantó y cambio su postura, imitó a un perrito encima de la mesa. Eso me hizo enloquecer y querer sentirla de nuevo dentro de mí, y fue cuando volví a penetrarla, esta vez, la sentí mucho más profunda, ella gritaba, pude cogerla de su culo, y darle unos azotes, eso hizo que ella gozara aún más, con cuidado acerqué mi mano a su clítoris y volví a acariciarlo con ansia, quería que volviera a tener un orgasmo, pero esta vez, los dos juntos. Seguimos, ella me gritaba lo mucho que le estaba gustando, yo iba a explotar, fue cuando de repente volví a notar como su vagina se contraía y como yo a la vez, tenía un orgasmo. Los dos tuvimos un orgasmo conjunto, fue algo muy placentero. Ella se giró y me miró, me dio un beso en la mejilla y de nuevo se arrodilló y comenzó a lamerme el pene de nuevo, pero le dije que parara. Nos echamos en la pequeña cama que había al lado y minutos después entraron Andrés y su novia, completamente desnudos.

Los cuatro fuimos al salón y comenzamos a comentar la jugada. Mi novia aún seguía desnuda, y mientras Andrés me hablaba, no pude evitar recordar minutos anteriores.

-      ¿Te alegras de verme Victor? – me preguntó Andrés al ver mi erección.
-      ¡¡No, no!! – me apresuré a contestar.

Sin darme cuenta, me había vuelto a poner caliente. Y de repente mi novia me miró, y miró a nuestros amigos. Sin previo aviso, se volvió a meter mi pene en su boca. Yo me quedé a cuadros, pude ver como Andrés y Laura miraban a María. Yo intenté apartar a mi novia, pero ella se negaba, me miró con ternura y sus labios me dijeron “correte”. Yo negué con la cabeza, pero ella seguía, en un abrir y cerrar de ojos pude ver como la novia de Andrés hacía exactamente lo mismo. Andrés y yo nos miramos sonreímos y luego nos dejamos llevar. Nuestras novias luchaban por ser las primeras en dar un orgasmo. Ganó María, consiguió que llegara, y fue increíble, me gusto bastante, jamás lo había hecho delante de nadie, me pareció un momento de mucho morbo. Luego pude ver como Laura y María comenzaron a besarse entre sí, eso hizo que me pusiera aún más de lo que ya estaba. Andrés y yo no intercambiamos palabra ni tan siquiera miradas. Ellas comenzaron a besarse y a tocarse el clítoris, comenzaron a introducirse dedos, yo no me creía lo que estaba viendo. María era una chica tímida, no era aquella María que tenía delante, pero me gustaba, estaba explosiva. Ambas comenzaron a acariciarse el clítoris con impetud, y fue cuando las dos casi simultáneamente tuvieron un gran orgasmo. Mi novia me miró con una sonrisa picarona. Me volvió a coger del brazo y me dirigió hacía la habitación de nuevo, la noche no había terminado ahí, fue una noche larga llena de orgamos, fue una noche diferente. 

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