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11 de diciembre de 2011

Relato erótico de la semana: Cambio de barra.


Evelynn y yo nos dispusimos para ir a la escuela de streptease. Como todos los días, teníamos moratones por todo el cuerpo. Nuestro trabajo es duro, tenemos caídas, pero poco a poco voy aprendiendo más a bailar encima de una barra, siempre ha sido mi sueño.
Ese día cogí yo el coche. Apenas hablábamos, estábamos cansadas del día anterior. En tan solo quince minutos llegamos a la escuela, había gente nueva. Y entre ellos unos chicos bastante guapos, yo miré a Evelynn, esta sonreía, una sonrisa picarona se le dibujaba en el rostro.

-          ¡Hola soy Cata! – me presenté sin dudarlo.
-          ¡Hola Cata!, nosotros somos Edu, Jorge y Victor, somos nuevos en esta escuela, aunque tenemos experiencia en el mundo del streptease.
-          Genial, pues vamos allá, tenemos mucho que practicar.
-          Claro – sonrió Edu.

Agarré de la mano a Evelynn y fuimos a cambiarnos. Estuvimos comentando lo guapos que eran todos.

-          ¡¡Están tan cuadrados que podría lavar la ropa en su cuerpo!! – bromeó Eve.
-          Son muy atractivos, me gustan, a ver como bailan…
-          ¿¡Y que esconderán debajo de esos cuerpos Cata!? – gritó Eve.
-          ¡Evelynn! Hemos venido a trabajar, no a ligar, además tú tienes novio.
-          ¿Importa eso ahora?

Evelynn era una vividora, siempre se dejaba llevar por sus impulsos, tenía novio, pero no le importaba.

Ese día fue duro. Perdí la cuenta en las veces que me estampé contra el suelo mientras hacía mortales en la barra. De repente Edu se acercó preocupado.

-          ¿Estás bien?
-          Sí, tan solo es un rasguño, no te preocupes Edu – respondí yo.
-          Tal vez debería enseñarte a no caerte y a ser una buena bailarina en la barra.
-          No gracias – refunfuñé.  – Puedo sola.
-          Esta bien, pero si cambias de opinión… – sacó una tarjeta con su número de móvil – Llámame.

Terminamos ese día más temprano de lo normal, la profesora quiso enseñarles a los nuevos chicos las instalaciones que tenía nuestra escuela, yo me marché a casa, esta vez sola. Evelynn decidió quedarse y ayudar a la profesora, “está loca”, pensé mientras conducía. Llovía, y lo hacía con fuerza.

Por fin llegué a casa y puse la música a todo volumen. Vivía en un pequeño piso, me lo iba pagando poco a poco con las pequeñas propinas que me ganaba en la disco. Esa noche me hice un pequeño bocadillo y me acosté, tenía el cuerpo molido.

Los días eran monótonos, poco a poco yo iba aprendiendo a bailar mejor en la barra. Estaba contenta de mis logros. Pero ese día volvió Edu a meterse en mi camino.

-          Eve, no se como voy a pagar el alquiler de esta semana…. ¡estoy en números rojos! – le conté alarmada.
-          Yo no puedo dejarte nada, estoy como tú, además tengo un perro al que alimentar.
-          Cata, ¿podemos hablar? – me preguntó Edu con una sonrisa.
-          Claro – le contesté.

Me llevó a la sala de espejos de la escuela. Y sin esperármelo, pude notar como sus labios rozaban los míos.
-          ¿¡Se puede saber que cojones estás haciendo Edu!? – pregunté rabiosa.
-          Cata, he oído que necesitas dinero, yo puedo dártelo.
-          ¿A cambio de….?
-          Baila para mí.
-          ¿Perdona? – pregunté aún más rabiosa.
-          Sí, quiero que vengas a mi piso y bailes una noche para mí.
-          ¿Acaso piensas que soy una chica de compañía?
-          No, tú eres una bailarina, una streaper ¿me equivoco?
-          ¡Jom! Está bien, pero solo bailar ¿eh?
-          ¿Qué te hace pensar lo contrario? – me preguntó.
-          Pues que hace dos segundos estabas besándome.
-          Me gusta robar besos, y tú tienes unos labios muy bonitos – añadió mientras acariciaba mi boca con sus dedos.

De repente, volvimos a besarnos, con más pasión. Chocamos con los espejos de la sala, yo temí a que se rompieran, pero en ese momento, mi cabeza estaba en otro lado. Sus manos se deslizaron por mi cuerpo y fue cuando la puerta se abrió.

-          ¿Quién anda ahí? – preguntó la voz de Evelynn.
-          Soy… soy yo Eve, estaba buscando… - intenté pensar en que podría estar buscando en una sala llena de espejos – estaba buscándote, eso es, estaba buscándote.
-          Pues aquí estoy, vamos para casa ¿no? Hoy me quedo a dormir contigo, tuve una pelea con Sergio y no tengo muchas ganas de verlo esta noche.
-          Es que verás… esta noche – le dije- tenía planes… y no voy a estar en casa, y no puedo faltar Evelynn.
-          ¡Ahh! Si problema, da igual.

No tardé en llegar a casa y cogí mi maletín de trabajo, bajé a toda velocidad las escaleras y entré en el coche dirección casa de Edu.Y en menos de diez minutos estaba allí. Subí por las escaleras, quería verlo, estaba ansiosa por bailar encima de él.

La puerta estaba abierta y todo lleno de velas, y en el medio de la habitación había una barra. Yo sin percatarme siquiera entré, y ahí estaba Edu, sentado en la cama. Se giró y puso la música. Intenté hablar con él pero noté que no serviría de nada, yo estaba allí para bailar y eso fue lo que hice. La música entro en mis oidos y empecé a bailar con ella, a deslizarme por la barra con sensualidad. Poco a poco fui quitándome la ropa hasta quedar con un peto de cuero que realzaba mi cintura y mis pechos. 
Me acerqué a él y noté como su pantalón iba a estallarle de un momento a otro. Me senté encima de él, haciendo movimientos circulares con mi cintura, notaba su pene erecto en mis nalgas. Me levanté y le besé por el cuello, le mordí la oreja, estábamos muy calientes. Fue entonces cuando me pidió que me quitara la ropa, yo sin dudarlo eso hice, mientras seguía bailando frente a él. Cogí una pequeña fusta y le azote en la espalda, mientras que él me buscaba, necesitaba poseer mi cuerpo, yo aún no me dejé y seguí insinuándome. 

Pronto puse mi mano encima de su pantalón, su pene parecía que tenía vida propia, fue entonces cuando le obligué a que se quitara el pantalón, él sin dudarlo, se lo quitó, y empecé a acercar mi boca a su pene. Se me escapó una pequeña risa, y me separé de él. Y volví a bailar sensualmente, mientras me tocaba el pelo y me acariciaba el pecho. Y sin dudarlo, me quité el tanga, primero me quité un lazo y luego el otro, Edu se quedó boquiabierto, no se podía creer lo que estaba haciendo, yo tampoco podía creer lo que estaba haciendo delante de él, solo se que me ponía mucho y no quería parar. Me senté en una silla y comencé a tocarme delante de él. Empecé a introducirme un dedo mirándolo con cara de gatita mala. Pude observar como su mano se iba a su pene y se lo sacaba del boxer, era realmente grande. Yo empecé a gemir mientras me tocaba, estaba muy caliente y no pensaba parar. Pude ver como se masturbaba mientras que mis dedos me provocaban un orgasmo, gemí por todo lo alto, cerré los ojos para incrementar la sensación de orgasmo y noté como Edu me tenía en sus manos. Empezó a besarme con fuerza, apenas pude hablarle, pero empecé a besarle con pasión, con ansia. Él se apresuró en empotrarme contra la pared, y fue cuando me penetró. Noté su pene en el interior de mi vagina. Notaba como me la estaba metiendo profunda, pensé que se me iba a salir por la boca. La música dejo de sonar, al menos en mis oídos, tan solo se escuchaban nuestras respiraciones, nuestros gemidos, era impresionante. Me soltó y me tiró encima de la cama, y me volvió a penetrar, cada vez que lo hacía era más profundo. Su pene navegaba en mis flujos vaginales con destreza, notaba que me estaba corriendo. Cerré los ojos de nuevo y me puso a “cuatro patas” desde ahí de nuevo volvió a metérmela sin dudarlo. Sus manos agarraban mi culo con fuerza, yo no podía más iba a correrme de un momento a otro.
Y su velocidad aumentó considerablemente, su pene entraba y salía a una velocidad increíble, sus gemidos se hicieron aún más agudos, de vez en cuando soltaba mi nombre por todo lo alto. Fue entonces cuando de nuevo pude controlar la situación y le obligué a que me hiciera un cunnilingus. Pero él me propuso algo mejor:

-          Un 69 creo que nos haría disfrutar a los dos ¿no crees?

Yo sin pensarlo tan siquiera comencé a jugar con su pene. Me introduje su pene mojado en mi boca caliente, y noté como su lengua navegaba por mi clítoris, lo hacía de maravilla, de vez en cuando tenía que parar para poder respirar, estaba extasiada de placer. Fue entonces cuando me corrí, llegué al orgasmo, fue muy intenso, pero ahí no terminó la cosa. Lo llevé hasta la silla y me senté encima de él, de su pene, mi cintura hacía movimientos circulares, bailaba encima de él. Estaba aún caliente, pude notar como sus dedos se posaron en mi clítoris aún caliente. Y comencé a botar, con fuerza, le agarré del pelo, le arañe la espalda, fue algo increíble. Fue entonces cuando volví a correrme y noté como él también. Pero yo aún seguía saltando encima de su pene, me gustaba, notaba como mi clítoris aún necesitaba más. Fue cuando Edu se levantó y sacó un pequeño consolador.

Mi cara fue un poema en esos momentos. Me echó en la cama y me agarró las manos con fuerza mientras con la que le quedaba libre accionó el consolador. Lo metió con fuerza y rozó mi clítoris en incontables ocasiones. Noté como de nuevo mi vagina volvía a contraerse y a tener otro orgasmo. Fue una noche larga, yo dejé de contar los orgasmos que tuve.

Al siguiente día, Edu no fue a clase, ni al siguiente, ni al otro…Yo monté mi propia academia de baile. Y no volví a saber nada más de Edu. Me queda en el recuerdo la gran noche de orgasmos que me regaló, aún conservo su número, pero no soy capaz de volver a contactar con él por vergüenza. Aunque pensándolo mejor, 693…


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