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20 de noviembre de 2011

Relato erótico de la semana: Una noche en la playa. 2ª Parte



Permanecimos echados completamente desnudos en la arena de aquella playa, perdida en el paraíso, sin poder articular palabra, aquello era demasiado bonito, para estropearlo con palabras. Nos queríamos, éramos jóvenes ardientes  dispuestos a disfrutar de la vida cada minuto, cada segundo… Fue entonces cuando decidí levantarme, él me imitó. Nos fundimos en un largo y tierno beso, cargado de caricias sinuosas. Nos agarramos de la mano y decidimos andar por al orilla, no había nadie en la playa, solo nosotros y una testigo, La luna. Nos miraba tímida y con una gran sonrisa, ella también estaba feliz.
El agua del mar rozaba nuestros calidos pies descalzos impregnados de arena. Seguíamos en silencio sin pronunciar nada, de vez en cuando nos parábamos, nos besábamos y continuábamos andando, era todo tan romántico que ni yo misma de daba cuenta de la situación, del lugar en el que estábamos. Me olvidé por completo de todo lo que a mi entorno se refería, en mi cabeza solo estaba su nombre grabado: Cristián. Nada me importaba más en esos momentos que él y yo, yo y él. Pasamos junto a un acantilado y decidimos acercarnos a él.

Estaba completamente oscuro, tan solo la luz de la luna era la que nos indicaba un camino a seguir.
Me agarró con fuerza por la cintura mientras íbamos adentrándonos en aquel lugar tan oscuro y erótico a la vez.  Sus besos me cautivaron enseguida, me besaba con mucha más fuerza de las veces anteriores, sus besos eran besos desesperados, sedientos, con ganas de más mucho más. De vez en cuando paraba para retomar algo de oxigeno, mi cuerpo no era mío de nuevo, Cristián se volvió a apoderar de mí sin tan siquiera quererlo. Sus besos eran cada vez más y más intensos, había mucha pasión en ellos, había incluso rabia. Rabia de la distancia, de no poder vernos cuando quisiéramos, rabia de no poder estar juntos siempre que lo deseáramos, rabia de no poder disfrutar siempre de pequeños momentos… tanta rabia. Yo bebí de sus labios como si me fuese la vida en ello. Sus manos acariciaban mi pelo, mi piel, acariciaba mis senos, mi cintura.
-          Crist….
Pero no me dejó terminar, me tapó la boca como tantas veces y me obligó a mirarlo a los ojos. Rebozaban un brillo indescriptible, enigmático, conmovedor. Mis ojos se llenaron al instante de lágrimas, no pude contenerlas y rompí a llorar, él abrió la boca para articular palabra, se limitó a darme un beso en la frente. Me abrazó fuerte consigo. Su corazón iba a estallar dentro de su pecho, iba a mil por hora, yo al escucharlo me tranquilice.
-          ¿Qué te ocurre Vicky? – me preguntó.
-          Tengo miedo a que todo termine… a que me digas adiós, a que todo lo que nos une se acabe, de que no me quieras más, de que no me ames, de que…. – un dedo suyo, me obligo de nuevo a guardar silencio, me ponía de los nervios que hiciera eso.
-          Te amo.

Esperé a que dijera algo más, pero tan solo dijo eso, y volvió a besarme, yo sonreí, yo también lo amaba, pero había miles de dudas en mi cabeza que aún no he conseguido descifrar, pero decidí dejarme llevar por el momento, aprovechar cada segundo, cada minuto a su lado, porque estar a su lado era como entrar en otra dimensión diferente.
Sus manos de nuevo se adentraron en mi cuerpo, desnudo aún. Se deslizaron por mi espalda acariciándola y arañándola con gran pasión. Me guió hasta una roca que debido al oleaje había erosionado hasta tal punto de quedar totalmente lisa y suave. Me senté y el se hecho encima mía. Sus labios navegaron por mi cuello, pecho, barriga, y dio un pequeño beso a mi clítoris. Yo gemí sin poder evitarlo. Su mano acarició de nuevo mi clítoris, yo estaba muy caliente, tanto que Cristián se sorprendió al ver lo lubricada que se encontraba mi vagina. Me introdujo uno de sus dedos, lo saco y se lo metió en la boca. Eso hizo que me excitara. Baje la mirada hacia su pene, y para mi sorpresa también él me miraba, estaba erecto, como de costumbre. “Quiero hacerte el amor Cristían, aquí, tu y yo solos” intenté transmitirle con la mirada, creo que él, lo captó al minuto. Se situó encima de mí y con mucha delicadeza introdujo su pene en mi vagina. Yo gemí ante tal sensación él me puso su mano encima de mis labios introduciéndome un dedo, yo sonreía y lo besaba con ímpetu. Su pene jugaba en mi vagina, pero esta vez, él se movía de otra manera, muy diferente a las anteriores. Iba muy despacio, se movía al compás de las olas al romper en las rocas del lugar donde nos encontrábamos. Yo quería, necesitaba que fuera más y más rápido, que se moviera como siempre, pero el moverse tan lento, de manera tan erótica, hacía que me gustase de manera diferente. Mi mente vagaba sola, y tarareando una canción, BEYOND, Cristián se movía al compás de dicha canción “¡que casualidad!” logré decirme a mi misma. De repente su ritmo cambió, fue un poco más rápido, esta vez sus movimientos eran más pronunciados, me penetraba con energía, de manera muy erótica. A la vez, me acariciaba todo el cuerpo, yo me dejaba hacer. Con mis piernas, conseguí agarrarlo más, y pegarlo mucho más a mí. Fue entonces cuando Cristián se levantó y me arrastró un poco, poso mis piernas en sus hombros y me penetró muy intensamente, incluso me produjo algo de dolor unido a un inmenso placer. Su ritmo volvió a cambiar, se aceleró mucho, yo apenas gemía quería oír el sonido del mar, pero él apenas me dejaba que lo oyera, era él el que gemía. Me encantaba oírle gemir. Me besaba las piernas, yo solo lo miraba, intentando trasmitirle todo lo que mi cuerpo me decía, él se limitaba a sonreírme. “Acércate” logré susurrarle. Él me obedeció y pude abrazarle y besarlo con pasión, con cariño con ternura… Pude ver como su cadera no paraba de moverse, su pene seguía acariciando mi vagina, y por fin, empezó a moverse como siempre lo hace, de manera circular rozando mi clítoris. Al estar mojado, el contacto con su piel hacía que me excitara aún más.
-          Cristián, por favor, ¡OH dios mío! – gritaba mientras lo miraba - ¡¡CRISTIAN!!
-          Si Vicky, si. Te quiero, eres lo mejor, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero Vicky, te quiero – repetía continuamente.
-          Cristián.
-          Victoria.
-          Cristián…, Cris.
-          Victoria ¡DIOS!

Ambos repetíamos siempre lo mismo, no podíamos decir nada, fue entonces cuando de un empujón logré que se apartara. Sus ojos mostraron angustia incluso miedo. Yo me reí, le solté una sonrisa siniestra y le obligué a sentarse en la roca.

-          Quiero bailar encima de tu pene ¿Me dejas?

Antes de que él pudiera contestarme era yo quien le tapaba la boca.
Noté como todo su cuerpo se estremeció y se preparó para lo que yo tenía en mente. Me senté encima de él, y empecé a moverme primero en círculo de manera suave muy pegada a su pene, notaba como su pene temblaba en el interior de mi vagina loco, desenfrenado, extasiado. Cristián intentó decir algo, pero yo de nuevo le tapé la boca, me encantaba jugar con mis dedos, de vez en cuando le introducía uno en su boca, el lo besaba con cariño. Me acerqué hasta poder besar sus labios, luego le di un beso en la punta de la nariz. “Te amo” le susurre, él se ruborizó al instante y me regaló una tímida sonrisa. Volví a situarme en posición y continué botando como una pelota, saltando como una niña pequeña en una colchoneta, él gemía de placer, estaba disfrutando mucho. Yo no paraba, mis movimientos eran cada vez más rápidos, hacía que sus penetraciones fueran cada vez más intensas, más profundas, notaba como su pene jugaba en el interior de mi vagina, como se deslizaba suavemente en ella. Mi cuerpo empezó a bailar al ritmo de diversas melodías, de repente noté como una de sus manos se preocupaba en acariciarme el clítoris, eso me hizo enloquecer de manera descomunal. Su mano se movía de manera similar a como yo me mecía en su pene. Mis movimientos pronto se volvieron diferentes, sin seguir un compás, un ritmo fijo, su mano acariciándome hizo que me descontrolara y no pudiera moverme segura de mi misma.
-          ¡Dios Cristián! – lograba decirle en apenas un susurro.

El no decía nada, solo me miraba fijamente, notaba como si sus ojos traspasaran los míos, como si una flecha ardiendo se incrustara en mi corazón, aquella sensación era mágica, era una unión entre ambos, estábamos unidos. Fue entonces cuando tomé un poco de aire y volví a mi ritmo habitual, él se quedó paralizado observando y preguntándose como era posible de que yo me moviera de tal manera… ni yo misma me lo creía. Notaba su pene dentro de mí, notaba que estábamos empapados en sudor, sentía sus manos en mi clítoris, yo iba a estallar. Noté como su cuerpo me acompañaba, ambos nos movíamos de manera espectacular, desafiando cualquier límite. Gemíamos en exceso, aquello era un paraíso, era un sueño. Por mi cuerpo pasaban miles de diferentes sensaciones, de calor, frío… De manera sexy, empecé a tocarme el pelo y a morderme el labio sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos. Mis manos también se deslizaron en mis pechos, los masajeaba de manera provocadora, eso hizo que él enloqueciera cada vez más, iba a estallar en breves momentos, lo más curioso es que yo también… De repente ambos notamos un calor, digo ambos porque Cristián se mordió el labio en señal de que iba a alcanzar la gloría, yo también. Tome de nuevo aire fresco y seguí moviéndome, esta vez de forma más violenta que hacía que su pene entrara en mí de una manera brutal. Note como mi vagina no tenía control de si misma, que apretaba al pene con fuerza, noté ese placentero calor que emanaba de mi clítoris aún masajeado por él. Fue entonces cuando ambos estallamos en un grito descomunal, noté un líquido dentro de mi vagina, él se había corrido. Yo también. Los dos habíamos experimentado un placer increíble. Nos quedamos en silencio, y nuestras respiraciones poco a poco fueron estabilizándose. De nuevo nuestras miradas se encontraron y por enésima vez, ninguno de los dos fue capaz de interrumpir aquel momento tan misterioso y mágico a la vez. Aquella unión de hielo y fuego… sin saberlo tan siquiera, estaban hechos el uno para el otro..









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