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6 de noviembre de 2011

Relato erótico de la semana: Miradas en el ascensor 2ª parte.



Él sonrió satisfecho, y la besó, se acercó a su oído y le susurro “esto aún no ha terminado preciosa”. Antes de que ella pudiera decir nada, Alex se apresuró en sacarla de la ducha mientras que la besaba con pasión e iban en dirección hacía la habitación. Llegaron a la cama y se recostaron sobre ella.  Elena le agarró con energía el pene y comenzó a hacerle una paja mientras él le besaba todo el cuerpo.

Esta pudo notar como Alex, enloquecía de placer. De nuevo, la levantó y sin apoyarse en nada comenzaron a hacer petting pero en el aire. En el momento que Elena se acercaba a él, sabía que necesitaba comérsela, besarlo, sentirlo… Ambos estaban muy cachondos, y los dos necesitaban algo más, mucho más. El comenzó a “darle” y ella no podía,  poder decirle lo que sentía, simplemente se limitaba a gritar “Alex…”, él, se reía, eran felices. Estaban disfrutando como nunca.

Se tumbamos en la cama y Elena se puso encima de Alex, estaba muy excitado. Le agarró el pene, cual joystick y comenzó de nuevo a hacerle una paja encima de él. La mano de Elena no era  como de costumbre, no se movía de arriba abajo, si no que daba vueltas, era muy juguetona, su boca andaba  buscando su pene, y sin previo aviso, se la introdujo en la boca… él la miró serio aunque cachondo al mismo tiempo, y ella comenzó a chupársela, con destreza, su lengua se movía buscando su placer, Alex tenía los ojos en blanco y no paraba de gemir, a Elena le excitaba demasiado ver como él disfrutaba. La lengua bailaba encima de su glande, de vez en cuando, succionaba, eso le hacía enloquecer aún más. Ella no paraba, iba más rápido, aunque de vez en cuando paraba para mirarlo a los ojos, necesitaba mirarlo y sentir que estaba a gusto y no había ningún problema. Alex sabía que tenía que parar, en breves instantes se correría y él necesitaba sentirla dentro. Elena se dio cuenta de ello y le puso un condón. “¡Métemela!” le gritó, ella decidió ponerse arriba y comenzó a bailar encima de él. Su cintura se movía bastante bien, también daba botes encima de él… la cara de Alex era un poema, rebozaba placer y ese era el fin de Elena. Parecia una coneja, se movía muy rápido, estaba algo cansada pero ella quería darle todo el placer que estuviera en sus manos. Siguió sin parar tocándose el pelo de manera muy sensual y gimiendo su nombre por todo lo alto. De repente Alex se puso encima de ella y empezó a introducir su erecto pene en su vagina. Se miraron fijamente ansiosos por seguir. Se apoyó contra la pared, sus piernas y su cadera hacía fuerza contra esta y Elena notaba como cada vez le daba más y más fuerte, sus pulsaciones iban a mil por hora ¿Qué cara tendría en esos instantes? Se preguntaba ella continuamente. Pero de repente se dio cuenta de que ese factor no era importante, era más importante centrarse en disfrutar, y así lo hizo.

Alex le tapó la boca a Elena, eso la hizo excitarse aún más. De vez en cuando jugueteó con sus dedos, introduciendolos en su boca, ella sabía que el orgasmo estaba muy cerca, lo notaba, pero aún no quería salir, era bastante tímido. Estuvieron así un buen rato, era incalculable el tiempo que estuvieron así. Movimientos circulares pero irregulares al mismo tiempo. La cama giraba con ellos, ella encima, él… sus caras rebozaban un placer infinito.
De repente sus ojos se encontraron, Alex besó la nariz de ella con ternura y comenzó de nuevo. Estaba exhausto, pero logró sacar fuerzas de donde ya no las había. El ritmo aumentó, sus movimientos circulares volvieron, pero esta vez con mucha más fuerza, movimientos impredecibles, impresionantes, fuertes muy fuertes. Entonces acentuó aún más sus movimientos aún más rápido y fuerte. Ella gemía como nunca, le estaba gustando mucho… Esta vez logró mirar al orgasmo de frente y desearlo con todas sus fuerzas.
La cama se movía continuamente de lugar, sus cuerpos estaban mojados. Elena notó como un placer en pequeñas dimensiones comenzaba a subir desde sus piernas, esta arañó la espalda de, incluso le hizo daño, pero este se excitó aun más… ella sentía que estaba rozando el cielo.
“Que guapa estás Elena” le soltó Alex. Ella se quedó paralizada, este dejó de moverse. Sus miradas volvieron a encontrar. Esta vez, sin previo aviso, la metió con todas sus fuerzas, ella notó que se le iba a salir por la boca. Sus ojos se cerraron automáticamente y su respiración se acentuó aún más, de pronto notó como su vagina se contraía y como el pene de Alex quedaba aprisionado entre sus dominios. Elena notó como las piernas no le respondían, notó un calor procedente del clítoris, un placer desmesurado. Alex no paró, estaba cansado pero no paró, siguió metiéndosela, y un par de minutos más tarde llegó al orgasmo. Llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo y eso hizo que sus miradas fueran aún más profundas de agradecimiento. 

Tumbados en la cama, con los cuerpos desnudos y cansados, se dedicaron un momento para besarse y mirarse fijamente. Se gustaban y sabían que aquello no quedaría ahí, tendrían que repetir aquella maravillosa experiencia. 

Se vistieron y Alex acompañó a Elena a la puerta para despedirse. Vieron como se montaban un par de jóvenes en el ascensor y ambos sonrieron. 




Las puertas se cerraron y el sonido chirriante del ascensor fue lo último que se oyó en el portal de la escalera.





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