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27 de noviembre de 2011

Relato erótico de la semana: El Secreto del chat, 1ª Parte



Viernes, al fin viernes. A lo largo de la semana, los estudiantes no paraban de hacer apuntes, estudiar… apenas tenían tiempo para si mismos. Pero los viernes si, era para ellos un día genial para poder dar rienda suelta a su imaginación. Desde beber unas copas rodeados de amigos y amigas hasta tirarse hasta las tantas charlando por Internet.

Pero este viernes era diferente, estaba lloviendo, grandes truenos iluminaban aquel cielo tapado por nubes amenazantes. Sara estaba en su habitación mirando pensativa el cielo: “hoy no salgo ¡joder!”. Sara era una chica normal, apenas quería llamar la atención en el insti, era una chica que podría pasar desapercibida en todo momento. Aquel viernes se dedicó a pasar los apuntes a ordenador, aburrida de hacer siempre lo mismo decidió entrar a un Chat por Internet y charlar un poco con la gente que compartía los mismos gustos que ella.
Y de todos con los que estaba hablando, el que más le interesó era una persona que se hacía llamar por “Secreto”.

-          ¿Si? A mi me encanta leer, es un pequeño placer del que puedo disfrutar a cada momento y en cualquier lugar.
-          A mi también, pero soy más de escribir, adoro escribir frases sin sentido, incoherentes…
-          Bueno, y a todo esto, me llamo Sara, ¿Y tú?
-          Secreto.
-          Ya, pero digo tu nombre real, tu nombre de pila.
-          Es un secreto.
-          ¿No piensas decírmelo?
-          No, si te lo dijera tal vez no estarías tan interesada en mi ¿no crees?

Sara se enfadó ¿Quién sería esa persona tan misteriosa? Decidió despedirse y apagar el ordenador. Decidió darse una ducha. Mientras el agua caía sobre su cuerpo desnudo, recordó a “Secreto” esa persona tan misteriosa de la cual apenas tenía información de él. Notó como el agua recorría cada milímetro de su cuerpo desnudo, ella lo disfrutó y decidió darse placer. Sus pequeñas manos se deslizaron con delicadeza por sus ingles, suavemente fue acariciando su clítoris. Y con delicadeza introdujo uno de sus dedos a la vez que seguía rozando su pequeño clítoris. Le gustaba, a sus 19 años aún era virgen, pero se conocía realmente bien. Mientras se masturbaba, le vino a la mente su nuevo amigo “Secreto”, así que decidió dedicarle ese futuro orgasmo. Lo imaginó alto, guapo y con el cabello rubio. Sus ojos verdes la traspasaban y la dejaban sin respiración. Se imaginó a los dos, en aquella pequeña bañera… Pequeñas contracciones subieron desde su clítoris muy lentamente extendiéndose por todo su cuerpo. Había llegado al clímax.
Contenta, salió de la ducha y decidió encender el ordenador. “Secreto” aún la esperaba.
-          ¿Dónde has estado? – Preguntó este – Te estaba esperando, pensé que te había sentado mal que no te dijera mi nombre, pero es mejor así, créeme.
-          Ahm, perdona, estaba dándome una ducha – escribió mientras una sonrisa picarona inundo su cara – ¿Me dejarás al menos verte por la web cam?
-          Creo que es un poco pronto para eso ¿no?
-          Vale, pues una foto, te envío ahora mismo una – Sara buscó una foto, pero se dio cuenta de que no tenía apenas fotos suyas, las que tenía en el ordenador eran antiguas, así que decidió hacerse una.- Aquí tienes, esa soy yo, te toca.
-          Estas preciosa con el pelo mojado Sara.
-          Ja, ja, ja, no te hagas el remolón, pasa una foto.

De repente “Secreto” cerró sesión en el Messenger, Sara se quedó de piedra ¿La había dejado plantada? Enfadada volvió a apagar el ordenador y se metió en la cama. Esta vez no pudo evitar que las lágrimas salieran de sus grandes ojos marrones.

-          ¡¡Sara!! ¡¡Baja a cenar!!
-          ¡¡Vooooooy!!

Se levantó, sin darse cuenta se había quedado dormida. Bajó a comer, y cenó sin prestar mucha atención a la televisión. Su mente estaba en otra dimensión, en otra persona “No me puede gustar, pero si apenas lo conozco” se dijo a si misma. Su mente estaba algo mareada, nunca había sentido tanta atracción hacía alguien que ni tan siquiera conocía su nombre.
Subió de nuevo a su habitación y decidió ver blogs de curiosidades. Le gustaba leer blogs, era su pequeño hobbie. Y de repente, una pequeña ventanita a la derecha de la pantalla se iluminó. Era “Secreto”. Sin poder evitarlo su corazón estalló en latidos.
Abrió la ventanita y pudo observar como era una pequeña foto. Sin dudarlo acepto el archivo y esperó impaciente a que le llegara. Cuando le llegó la abrió como si la vida le fuese en ello, pero quedó decepcionada, no era la foto que esperaba, aunque le gusto y no pudo reprimir una pequeña sonrisa.



-          Tienes unos ojos preciosos, tal y como los imaginaba.
-          Gracias. Creo que ha sido suficiente por hoy, hablamos mañana ¿vale?
-          ¡No! – escribió con angustia “no te vayas” se dijo para si. – Podemos charlar un poco y conocernos más, me siento un poco sola – Aclaró Sara.- Hazme un poco de compañía, por favor.
-          Esta bien.

Los truenos aún seguían inundando el cielo de colores inimaginables y de melodías melancólicas, era un espectáculo digno de ver, digno de disfrutar. Sara continuaba hablando con “Secreto” estaba disfrutando, poco a poco se daba cuenta de que le gustaba, de que era una persona muy misteriosa pero algo le decía que no siguiera, que se estaba equivocando. Ignorando estos sentimientos Sara continuó charlando con “Secreto”. Estuvieron toda la noche intercambiando opiniones, gustos… De repente se dio cuenta e que era perfecto para ella.

-          Bueno, yo me voy a ir a la cama, mañana tengo cosas que hacer mi querida Sara.
-          ¡Jo! – escribió con tristeza, mientras que miraba el reloj - ¡¡guau!! Son las cuatro de la madrugada, hacía tiempo que no se me pasaba el tiempo tan rápido. Está bien, mañana… ¿te conectarás?
-          Claro, no lo dudes. Nos vemos.

Sara se quedó mirando como “Secreto” cerraba sesión. Con una sonrisa imborrable de su cara decidió descansar y en un abrir y cerrar de ojos, se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente, su hermano pequeño la despertó.

-          ¡Sarita! ¡Que son las cuatro de la tarde! – exclamó.
-          Raúl… ¿Qué quieres…? ¡¡oh!! ¡¡Me quedé dormida joder!! – gritó ella mientras encendía el ordenador.

Decidió almorzar algo. Y subió a su habitación. Conectó el Messenger, pero “Secreto” no estaba. Desilusionada, decidió seguir con sus apuntes de filosofía. Estuvo horas resumiendo todo aquello que tenía atrasado. Y sin darse cuenta, era la hora de la cena, y “Secreto” aún no había aparecido. Sara decidió bajar a cenar, de nuevo sin prestar mucha atención a lo que sus padres hablaban. Subió y se dio una ducha caliente. Sin poder evitarlo, volvió a pensar en “Secreto” y en el día anterior, aquel día en el que se masturbó en la ducha pensando en él. Y sin previo aviso, pudo ver como sus manos estaban buscando su clítoris. Empezó a tocarse con energía, pero llamaron a la puerta.

-          ¿Qué queréis? – preguntó nerviosa. - ¡¡Estoy duchándome!!
-          ¿Sara? – llamó su pequeño hermano – Tengo que hacer un trabajo para el colegio, ¿me dejas el ordenador?
-          ¡¡¡NO!!! – gritó Sara enfadada porque le hubieran interrumpido en aquel momento tan placentero.

Escucho a su hermano como se alejaba de la puerta. Enfadada salió de la ducha y se cepillo el pelo, “maldito enano” rechistó. Con el albornoz se sentó en el ordenador y no pudo creer lo que estaba viendo, era él, “Secreto”. Sin tan siquiera vestirse, le contestó.

Empezaron a hablar y Sara impaciente decidió pedirle de nuevo una foto, una foto de cara, que saliera algo más que aquellos ojos. Pero “Secreto” se negaba todo el rato.

-          ¿Pero por qué no quieres pasármela?
-          Sara no insistas… - escribió “Secreto”.
-          ¿Quieres otra foto de mí? – preguntó inquieta y nerviosa.
-          Está bien… si quieres una foto mía, pon tu webcam.

Sara dudo, pero decidió dejarse llevar por ese cúmulo de sentimientos contradictorios. No sabía quien se escondía tras aquella pantalla, pero quería descubrirlo. Encendió su webcam y poco después se percató de que aún seguía en albornoz y sin evitarlo tapó la webcam.

-          No te tapes Sara, eres guapísima.
-          Ja, ja, ja. Gracias. Bueno ya te he puesto la webcam, ahora quiero una foto tuya.
-          Esta bien.
 Sara se quedó de piedra. “Secreto” estaba jugando con ella, pero ella se dejó llevar por ese juego de imágenes.

-          Tienes unos labios muy bonitos, cualquiera diría que eres un chico ¿eh?
-          Me alegro de que te gusten… Enséñame algo tu, y tendrás otra foto.
Sara sin dudarlo, decidió que el albornoz dejara a descubierto uno de sus hombros. Se mordió el labio y sonrió para si.

“Secreto” seguía enseñándole fotos de sus partes del cuerpo. Eso hacía que para Sara todo fuera un juego, un juego que no quería que terminase. De repente, decidió ir más allá. Y le enseñó sus pechos.
-          Tienes un pecho muy bonito Sara, pero resérvalo para ti, no quiero que pienses que soy un pervertido.
-          Me gustas ¿sabes? Ayer pensé en ti, mientras me masturbaba.
-          Pero Sara, si aún no sabes ni como me llamo, ni como soy…
-          ¿Alguna vez has probado el sexo cibernético?
-          Sara… yo creo que te estás confundiendo.

Las manos ágiles de Sara se deslizaron hacía su clítoris. Decidió darse placer delante de su mayor fantasía hasta aquel momento “Secreto” aquella persona tan misteriosa. Y así lo hizo.
-          Escríbeme algo, tócate conmigo “Secreto” hagámoslo juntos.
-          Sara yo…
-          Hazlo, disfruta de tu cuerpo.

Y así lo hicieron. Sara sin darse cuenta dejó el micrófono abierto sin percatarse de que “Secreto” estaba oyéndola en todo momento. Sara se recreó bastante a la hora de ir al grano, decidió hacer círculos en su clítoris, de vez en cuando bajaba y acariciaba los labios, estaban hinchados, le gustaba hacerlo, y saber que la estaban observando. Le gustaba. Sin darse cuenta estaba metiéndose dos dedos a la vez que con la otra mano se acariciaba todo el cuerpo, recorriendo su pecho, acariciando su pelo, sus labios y gimiendo, no podía parar de gemir, se excitaba con la idea de saber que “Secreto” la estaba viendo.
Y pudo leer como él había escrito “Sara, me he corrido”. Esto hizo que ella acelerara el ritmo. Se concentró y se dedicó en cuerpo y alma a darse placer. A poder alcanzar ese clímax tan demandado por su clítoris. Y gimió, gritó el nombre de “Secreto” por todo lo alto de su habitación sin percatarse que sus padres estaban en casa. De repente notó como su cuerpo se erizaba, como sus pezones se endurecían, notó como el momento iba a llegar, iba a llegar al orgasmo, lo notaba. Fue entonces cuando algo inesperado pasó. La webcam de “Secreto” se encendió y Sara pudo ver algo que jamás se hubiera imaginado. Pudo verle la cara a “Secreto”. Ahogo su placer en un grito de alegría y miedo contenido, había llegado al orgasmo, pero no se creía lo que estaba viendo por la webcam.

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