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30 de octubre de 2011

Relato erótico de la semana: Miradas en el ascensor 1ªparte





Típico edificio del centro de Granada atestado de estudiantes que vuelven de sus clases. Primer piso, segundo piso, tercer piso, cuarto piso y luego unos diez metros hasta las puertas enfrentadas. Un silencio incomodo, unas sonrisas traviesas y sobretodo, miradas picaronas que buscaban cruzarse, pero que al hacerlo huían del poder de la otra persona. Así transcurrieron los primeros meses de clase para Elena y Alex, dos estudiantes de cosas de las cuales tratarían de vivir. Una chica y un chico, que durante unos meses se veían cada día, a la misma hora y se acompañaban el uno al otro hasta la puerta enfrentada del piso de cada uno. Ella en el A, él en el B. Dos letras destinadas a no juntarse que por azares de la vida se convertirían en una.

Un día de tantos, no tenia nada de especial, simplemente era otro día monótono, ocurrió algo curioso y fue que el ascensor al paso por la segunda planta paro un segundo y volvió a subir inmediatamente, no era muy espacioso e hizo perder el equilibrio a ambos. No se abrazaron para evitar caerse, no cogió uno al otro, nada de eso, ni si quiera una mirada, fue todo mucho mas sutil. Una sutilidad tal, que sus corazones parecían dos cuadrigas del viejo oeste, simplemente lo acontecido fue que se rozaron las manos.

Todo siguió como hasta entonces, cuarto piso y las puertas chirriaron al abrirse. Ambos sonrieron por el curioso ruido. Los dos, todavía nerviosos caminaron por el pasillo para abrir sus respectivas puertas y hacer como si allí no hubiera ocurrido nada. Fue entonces cuando Alex, se percató de que Elena jugaba con las llaves, no quería entrar.
- ¿Te apetece un café? – Le preguntó de repente.
- N...., Si - Elena, dudó por un segundo, pero decidió dejarse llevar.

Carcajadas retumbaban por las cuatro esquinas de aquel habitáculo donde se encontraban, no importaba como era la decoración o si estaba desordenado o no, Elena solo miraba sus manos, las que tenia entrelazadas por los dedos y apoyadas en sus piernas, las cuales solo separaba para coger la taza de café. Alex, simplemente trataba de no sucumbir a su instinto que le decía que saliera corriendo, que no estaba preparado para ello. Paso el tiempo, unas horas de risas y café en una habitación que cambiaría por completo aquel monótono día.
- ¿Quieres que te enseñe el piso?- Alex, no sabia que hacia, simplemente abría la boca y soltaba palabras incoherentes, sin conexión alguna.
- Si, me encantaría verlo.- Elena, era igual que Alex en ese momento.

Las habitaciones fueron transcurriendo, una tras otra, cocina, dormitorio y baño..., curioso era el hecho de esa bañera con una leve repisa. Alex, seguía en su estado drogado por si mismo y soltó una frase que podría haberle hundido tanto como encumbrarle:

- Me gustas Elena, has sido como un mito viéndote solo en el ascensor y no sabia como iniciar una conversación contigo.- Alex, simplemente hablaba.

Elena fue a abrir la boca para hablar, pero callo por un momento y sintió como un calor interno que ascendía desde las piernas e iba cubriéndola entera. Era la reacción que tenían al cruzarse las miradas por primera vez. Alex se acercó hasta casi rozar los labios de Elena con los suyos propios, pero no quería rozarla, prefirió esperar a una corta distancia a que ella decidiera si besarle o no, encumbrarle o hundirle. Elena lo besó sin poder reprimir el deseo que había despertado en su interior

Él sin decir ni pío la giró y comenzó a hacerle un masaje. De vez en cuando le mordía el cuello, eso hacía que ella se excitase a gran escala. Sus manos la acariciaban fuertemente la espalda, ya desnuda, de Elena, hacía círculos con sus suaves y delgados dedos, incluso en ocasiones utilizaba las uñas  para hacerle cosquillas. Pero el ambiente comenzó a caldearse, sus masajes eran cada vez más insinuantes, las respiraciones comenzaron a agravarse, eran más profundas. Era lo único que se oía en el baño, ambas respiraciones inundaban el cuarto de pasión, una pasión contenida. Ágil él, empezó a besarla por los hombros mientras que sus brazos acariciaban todo su cuerpo. Elena cerró los ojos. Se sentó en la bañera y con delicadeza beso  el interior de la  muñeca de Elena.  Sin dudarlo tan siquiera, Alex introdujo un par  dedos de ella en su propia  boca,  los chupó y los mordió, soltó el brazo y la miró fijamente, Elena estaba boquiabierta, no tenía conciencia del lugar en el que se encontraba, con la persona con la cual se hallaba, todo parecía un sueño. Se abalanzó y la beso con fuerza, con mucha pasión. Sus lenguas se encontraron, alegres, y comenzaron una lucha. Giraban cual bailarina dentro de sus bocas, a la vez que sus respiraciones iban a más. De repente Alex levanto y empujó a Elena contra la pared, esta estaba algo desorientada. Con tan solo una mano, la levantó y aprisionó a Elena durante unos instantes, sus besos llenos de pasión recorrían su delgado cuerpo desnudo. Su mano izquierda comenzó a buscar algo, algún punto en concreto pero que Elena era incapaz de adivinar, su deseo por que él rozara su clítoris era desmesurado. Empezó a tocarle el pecho, le acariciaba suavemente el estómago, paraba para darle un beso en el cuello, algo muy tierno entre tanto erotismo. Y de repente rozó su punto de perdición, pero tan solo fueron unos segundos.
Cada vez estaban más calientes, lo notaban, sus miradas no podían negarlo. Se fundieron en un ardiente beso, fue un beso eterno. Sus pechos permanecían unidos, inseparables. Elena lo deseaba más que nada ni a nadie en esos momentos, y él lo intuyó puesto que le dedicó una gran sonrisa. Ella interpretó por esa sonrisa con que podía darle rienda suelta a su imaginación y navegar por sus zonas, pero una vez más le  sorprendió, él quería llevar el control de la situación. Su cadera empezó a moverse acercándose y alejándose de ella muy lentamente, de vez en cuando esos movimientos lentos se hacían mucho más rápidos y más fuertes. Elena aún seguía aprisionada por sus manos, pero en un descuido liberó una de ellas, pudiéndole quitar la camiseta y aprovechar para morderle el cuello con fuerza. De nuevo, sus ojos se mantuvieron firmes, mirándose el uno al otro, con caras de placer y de sorpresa, de incertidumbre… la  mano de Elena inconscientemente comenzó a buscar lo que ansiaba… vaciló en ir directamente al grano por lo que decidió pasar su mano suavemente por su pantalón, al fin y al cabo él aún no le había tocado el clítoris directamente, solo lo había rozado. Con dulzura le beso el pecho e incluso le dio un pequeño mordisquito en la barriga. Pero la boca de Elena necesitaba besar algo que se encontraba mucho más abajo, dentro de su pantalón. Con agilidad le bajó el pantalón y se arrodilló para estar más cómoda. Le dedicó una mirada picarona y le besó con fuerza el pene por encima del calzoncillo, él se mordió el labio.

- Siéntate en la bañera Alex – le obligó.

Él obecedió y se sentó en el borde de la bañera ansioso por averiguar que tramaba. Elena se situó entre sus piernas y se agachó acercándose a su pene que la saludaba. Pudo comprobar como el corazón de Alex se le iba a salir del pecho.


-   Tienes el corazón un poco rápido. – le dijo mientras se sentó en una silla con mirada juguetona mordiéndose el labio, quería que se acercara a ella- ¡bah! No quiero nada contigo ahora mismo no me apetece.

Entonces Alex la cogió de improviso y en breves momentos Elena perdió sus pantalones. Se miraron. Se quedaros en culotte y boxxer. Abrió el grifo del que brotó agua caliente. Mientras la bañera se llenaba la subió encima del lavabo y empezó a besarla con locura, con deseo. Ambos se metieron bajo agua y el chorro los inundaba de otra sensación, calor, el calor del agua recorría sus mejillas y atravesaba todo su cuerpo, no paraban de besarse. De repente Alex la hizo volver la tierra, y pudo observar que se arrodillo ante ella.
Le mordió el cullotte y se lo arrancó literalmente. Bajo el chorro de agua caliente, empezó a acariciarla y no una zona cualquiera sino su clítoris, lo hacía con suavidad, Elena notaba la yema de sus dedos acariciarlo con dulzura, con amor y con decisión. Le hacía círculos, pasaba el dedo justo por el borde de sus labios, lo que producía que los ojos de Elena se cerrasen y disfrutara del momento. Sin pleno aviso le metió un dedo hacia dentro, ella gimió, le gusto demasiado, le produjo un placer desmesurado. Notó como de pronto le metió el segundo, se los  metía y los sacaba con ágiles movimientos, ella le agarró de los hombros para no caerse encima suya, cerró los ojos de nuevo, de vez en cuando los abría para poder ver su cara, continuamente se mordía el labio. Elena no podía hablar, solo gemir y sonreír, de repente noto que algo subía por sus piernas, muy lentamente, era un placer inexplicable el que Elena estaba sintiendo en esos momentos, era desmesurado… comenzó a gemir con más fuerza, él estaba poniéndose muy cachondo. De repente la miró y le dedicó una gran sonrisa, una sonrisa diabólica. Empezó a lamer su zona de perdición, su boca acarició su clítoris a la vez que sus manos se hallaban dentro de ella. Su lengua no conocía límites, recorría con destreza todo, sus labios, su clítoris, hacía círculos, parecía que estaba haciendo una obra de arte, su placer era increíble, inhumano, de vez en cuando le soplaba y eso hacía que el bello se le pusiera de punta… sus dedos no paraban. Los ojos de Elena se pusieron en blanco, y apretó los dedos sobre la espalda de Alex. Gimió al máximo y su cuerpo comenzó a estremecerse de placer, notó que se estaba corriendo. En cierta parte Elena se avergonzaba de haberse corrido y que la cara de Alex  estuviera cerca, pero no pudo evitarlo.
-          Alex, me he corrido.

Él sonrió satisfecho, y la besó, se acercó a su oído y le susurro “esto aún no ha terminado preciosa”…

Este relato si pertenece a mi propiedad, espero que os guste ;)

2 comentarios:

  1. Espero el proximo domingo para ver como continua la historia de Elena y Alex. Buen relato y buena escritura.

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