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28 de octubre de 2011

Falta sexo.


Andaba yo leyendo mis relatos eróticos, recordando historias, y he caído en la cuenta de que deberíamos poder contar una historia así. Ése es el verdadero sexo, el sexo que se siente, que se recuerda, que se desea de verdad.


Seguro que alguno de vosotros se carcajea de mi afirmación acerca de la escasez del sexo, sobre todo en los tiempos que corren, en los que el sexo está presente subliminal, liminal y superliminalmente en anuncios, películas, música, política y, por supuesto, en la calle. Quizá precisamente por eso el sexo se devalua. Quizá simplemente "es la moda". Es la moda salir, esgrimiendo una minifalda imposible, queriendo ser cazada, y, por supuesto, no poner demasiadas dificultades. Es la moda marcar hombría delante de los compañeros de juergas, trabajo o estudios, relatando las hembras inofensivas o estúpidas que hemos conseguido penetrar durante un sólo fin de semana. E incluso es la moda que se inviertan los papeles. (En este punto no he podido evitar imaginarme a uno de esos armarios empotrados cargados de esteroides vistiendo una minifalda y montado en unos tacones de 12 cm. ¿Aguantaría?)


Permitidme el uso del masculino genérico -no quiero ser una "miembra" cualquiera-, hoy hasta el sexo es convencional y está marcado por la tendencia; no hay más que ver el aumento de la bisexualidad femenina en los últimos años, sobre todo en ciertas tribus urbanas. Quizá debería decir "bisexualidad", entrecomillado un millón de veces. El sexo se ha convertido en un producto cualquiera de la nueva cultura post-loquesea (creo que aunamos todos los post posibles, incluso la post-humanidad, si es que en algún momento hemos sido humanos).

¿Cuántos de vosotros han sentido, al ser tocados, que esa mano traspasaba la piel y llegaba a acariciar el corazón, los pulmones, el cerebro...? Nada que ver con esas caricias plastificadas, superficiales y frías, hechas como un mero rito, un prolegómeno protocolario establecido previo al "ir al grano". Que no digan que eres un egoísta, aunque digan que eres menos interesante y menos apasionado que una patata.

¿Cuántos de vosotros os habéis encendido de verdad ante la sóla visión de vuestro amante? ¿Cuantos, tumbados en la cama, habéis sentido la necesidad imperiosa de lanzaros sobre vuestro compañero, como algo inmediato y necesario? Y, por el contrario, ¿cuántas veces habéis accedido a la petición del otro llevados por el aburrimiento? ¡Y quién sabe si la misma petición no es producto del aburrimiento!

Os sorprendería saber cuantas mujeres os han fingido un orgasmo. Y cuantos hombres se han acostado con vosotras simplemente "por meterla y contarlo". Y los que estéis libres de dudas, lanzad la primera queja. (Y espero no estaros quitando las ganas a aquellos que todavía no habéis descubierto la falsedad de este mundo que son las relaciones sexuales). Hasta aquí priman las etiquetas, el fingir, el comportarse como se debe y el cumplir con las espectativas. ¡Hasta aquí! Y con tantas ganas de cumplir las espectativas, ambos nos quedamos siempre a mitad de camino. No se trata de cumplir. Para eso están el trabajo, los estudios, e incluso la vida social. En la cama no se trata de cumplir.

Cuando se habla de sexo debería tratarse de un perfecto "aquí y ahora". Porque todo comienza con un "lo deseo". Y el deseo no se puede conjurar al antojo de horarios y citas, y mucho menos, puede acoplarse al devenir de las modas. Y a partir del "aquí y ahora" hacer lo que se sienta, ni más ni menos. Y recordarlo después y pensar: "Joder, esto es digno de una de las historias eróticas de Ana".

Creo que la única frase que he leído en la puerta de unos baños y que no olvidaré es la siguiente: "Más follar y menos joder al prójimo". Y como creo en el bien que podría reportar cumplir este imperativo, quiero contribuir a su cumplimiento. Y quiero que todo el mundo disfrute del verdadero sexo, libre de convenciones, manuales extraídos de revistas para adolescentes y anuncios publicitarios. Por eso creo que voy a "abrir" una consulta sexológica en este blog. (¿Y por qué no? Creo que no es necesario un máster para hablar de sexo a nivel de calle.) Quiero compartir mi humilde pero auténtica experiencia con todo el que quiera. Y quiero aclarar que digo auténtica porque creo que he conseguido gozar de ese sexo libre de convenciones y clichés; claro, que esto no ha ocurrido así desde mi primera vez. He vivido mucho tiempo actuando, fingiendo orgasmos por acabar con algo que me aburría. Pero ya no más. Y no quiero que nadie más lo haga.

Así que, si os animais, aquí me tenéis. Siempre que hayan preguntas (no personales, se entiende), iré contestándolas poco a poco y lo mejor que sepa. ¡A ver si esto tiene éxito!



Creo que las personas vírgenes
también tienen inquietudes sexuales.
Además, otro de los errores clave
es pensar que el sexo sólo es penetración.

¡Ánimo!

1 comentario:

  1. Este post me sale des-encuadrado, no sé si será mi ordenador o qué, pero en fin
    un saludo

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